2.5 – La maldición de la esfera de cristal.
Con Satori en el papel de Samuel
Con Patri en el papel de Elisa
Con Darkkz en el papel de Oserrim
Con Yisus en el papel de Brad Mizo
Con Gloria en el papel de Ángela Mizo
Acababan de volver a la ciudad de su última misión encargada por la organización (los hermanos Mizo continuaban en el sanatorio mientras Brad se recuperaba). Había sido una misión sencilla pero un tanto sospechosa. Habían escoltado a una sacerdotisa de Jubnauz “el guardián del conocimiento” hasta el distrito noble, la sacerdotisa les explicó durante el viaje que había recibido una orden oficial para dirigirse a la ciudad de Cordala por un asunto eclesiástico de gran importancia lo cual a ella le resultaba extraño puesto que había sido ordenada hacía solo unos meses y la ciudad contaba con otros sacerdotes mucho más experimentados. Resultaba extraño que la organización se encargase de la escolta de un asunto oficial de reino como aquel.
En cualquier caso llegaron a la ciudad sin contratiempos y dejaron a la sacerdotisa a salvo en el distrito noble pero cuando volvieron a casa una sorpresa les esperaba. Donde debería estar el pomo de la puerta había ahora un agujero chamuscado y restos de metal fundido todavía humeante.
Los tres prepararon sus armas y se adentraron en el piso, listos para hacer frente al enemigo pero quienquiera que hubiera hecho aquello ya se había marchado. Registraron sus pertenencias para comprobar si habían sido víctimas de un robo y sorprendentemente todo estaba en su sitio, o mejor dicho, casi todo. Samuel tardó un poco en darse de que el pequeño cofre con la esfera hipnótica que había encontrado en la cueva del ogro había desaparecido y en cuanto cayó en la cuenta avisó a sus dos compañeros y los tres salieron corriendo hacia la calle. Solo había una persona aparte de ellos a la que había mostrado el cofre y con suerte aún podrían alcanzarle antes de que abandonase la ciudad.
Buscaban a Ortha, un anciano ataviado con una túnica y un llamativo bastón así que no les fue difícil seguirle el rastro preguntando por la calle. El anciano era lento y no tardaron en darle alcance y antes de que se diese cuenta lo rodearon entre los tres y sutilmente lo “invitaron” a acompañarles a un callejón cercano para charlar. Ortha no opuso resistencia y les acompañó con toda naturalidad al callejón donde tras unas cuantas amenazas y zarandeos el anciano les devolvió el cofre. Samuel quiso saber que le había llevado a robar la esfera y entonces el mago les puso al corriente: En cuanto vio el artefacto supo que se trataba de algo peligroso y la noche después de su primer encuentro unas terribles pesadillas atormentaron al mago revelándole la naturaleza maligna de la esfera. La esfera era capaz de someter a los demás (o eso decía él) y utilizarse en su beneficio así que debía ser destruida para que no causase más mal. Había decidido robarla porque sospechaba que ellos estarían ya bajo el influjo de la esfera y que sería imposible disuadirles para destruirla.
No confiaban en las palabras de Ortha y sospechaban que en realidad quería la esfera para sí mismo pero a Samuel le pareció ver algo de verdad en sus palabras y era cierto que la esfera tenía algún tipo de efecto cautivador así que accedió a ayudar a Ortha a destruir la esfera pero ellos estarían delante.
Ortha les explicó que destruirla no era tan sencillo como romperla, antes habría que realizar una serie de rituales para asegurarse de que el mal encerrado en la esfera no escapaba a otro lugar, así que quedaron en encontrarse de nuevo al día siguiente en el piso franco para realizar el ritual. Hasta entonces ellos guardarían la esfera.
Se reunieron al día siguiente como estaba previsto, y se prepararon para hacer el ritual en la habitación de Samuel. Ortha había traído consigo un saco que vació en el suelo, estaba lleno de piedras de diferentes tamaños que a simple vista parecían comunes pero al observarlas con detenimiento podían verse extraños símbolos y runas dibujados toscamente sobre ellas. Los tres quisieron estar presentes durante el ritual, ya fuese por curiosidad (como era el caso de Elisa) o por desconfianza.
Ortha colocó las piedras formando un círculo en el suelo, y con una tiza rojiza dibujo varias formas geométricas concéntricas en el interior del círculo de piedras. A petición de Ortha Samuel depositó la esfera de cristal en medio del círculo y entonces guardaron silencio mientras Ortha se concentraba para comenzar.
Elisa que había sido curiosa por naturaleza no pudo evitar observar la esfera y pronto se vio atrapada bajo su influjo hipnótico. Antes de que nadie pudiese reaccionar Elisa saltó en medio del círculo de piedras, agarró la esfera y escapó de la habitación escurriéndose de las manos de sus compañeros y encerrándose en su propia habitación bajo llave. Estaba encerrada puesto que la única ventana de la habitación tenía unos sólidos barrotes de seguridad y sus compañeros no se moverían de la puerta.
Fuera en el pasillo Ortha les explicaba que la Daquir estaba siendo controlada por la esfera en un intento de salvarse a sí misma y que debían actuar rápido antes de que Elisa hiciese daño a alguien o se lo hiciese a sí misma. Oserrim decidió tirar la puerta abajo pero antes de que llegase a embestir a la puerta esta se abrió de golpe y Elisa se deslizó entre sus piernas, corrió por el pasillo a toda velocidad y salió a la calle dejándolos atrás. Oserrim y Samuel salien en su persecución mientras que Ortha, demasiado viejo para perseguirles el ritmo se quedó esperando en el piso.
Samuel era casi tán rápido como la daquir pero no se podía decir lo mismo de su aguante y no tardó en quedarse atrás para recuperar el aliento. Oserrim no era muy rápido, pero era infatigable. Corrió tras la daquir manteniendo el ritmo hasta que finalmente la perdió de vista en la plaza del mercado.
Elisa se dirigía en dirección a las puertas de la ciudad así que Oserrim mantuvo esa dirección con la esperanza de que la guardia de la puerta hubiera conseguido detenerla. No fue así, al parecer la daquie había pillado a la guardia por sorpresa y había atravesado las puertas sin demasiada dificultad, pero al menos pudieron decirle en qué dirección había huido. Oserrim sabía que Elisa no aguantaría mucho tiempo ese ritmo y efectivamente no tardó en alcanzarla. La daquir estaba exhausta y había decidido ocultarse entre unos matorrales esperando que sus perseguidores pasasen de largo, pero no fue así. Oserrim la vio y antes de que pudiera escapar la placó dejándola inmovilizada. Le arrebató la esfera y cometió el error de mirarla fijamente. Al momento el krumell también quedó hipnotizado.
Cuando Samuel llegó hasta ellos guiado por los guardias de la puerta los encontró de vuelta hacia la ciudad. Ambos le dijeron a Samuel que la esfera no debía ser destruida que era muy importante y que no dejarían que Ortha la consiguiese. Samuel comprendió que ambos estaban afectados por la influencia de la esfera y decidió mentirles. Les contó que el tampoco tenía intenciones de destruirla, que escondería la esfera y le diría a Ortha que habían conseguido escapar con ella, así el anciano les dejaría en paz. Tanto Elisa como Oserrim se creyeron las palabras de Samuel y le entregaron la esfera. Quedaron en encontrarse unas horas después cuando Samuel se hubiese librado de Ortha.
Samuel corrió hacia el piso, no sabía cuánto tiempo requería el ritual ni si sus compañeros se habían creído completamente su mentira. Cuando llegó le explicó a Ortha lo sucedido y llegaron a un acuerdo. Ortha realizaría el ritual en solitaria para evitar que sucediese algo parecido y para que mientras tanto Samuel pudiese vigilar la entrada al piso y retener a sus compañeros si llegaban antes de que el ritual se completase. Por suerte el ritual se completó antes de que Oserrim y Elisa volviesen. Ortha devolvió a Samuel la esfera de cristal que ahora no era más que una esfera inerte de cristal común y tras darle las gracias se despidió de Samuel y abandonó la ciudad. Cuando Elisa y Oserrim llegaron al piso el efecto de la esfera había desaparecido y habían recuperado por completo sus facultades. Samuel les explicó entonces lo sucedido y con esto cerraron un nuevo capítulo de sus aventuras.
Algunos días después Brad se recuperó por completo y pudo volver al piso con su hermana Ángela y los cinco fueron convocados por Lucas en “La Copa de Plata”. Lucas les explicó que aquella noche abandonaría la ciudad por un asunto de gran importancia y que permanecería fuera durante tiempo indefinido. Podían considerar su ausencia como unas pequeñas vacaciones puesto que no recibirían nuevos trabajos hasta su retorno a la ciudad.
Los cinco aprovecharon bien estos días libres para conocer un lado más ocioso de la ciudad; Oserrim, Elisa y Ángela aprovecharon para correrse algunas juergas e invertir algunas de sus ganancias en unas buenas borracheras por las mejores tabernas de la ciudad. Brad había decidido invertir sus ganancias en cultura así que tras adquirió algunos libros y documentos sobre la burocracia del reino y los estudió. Samuel aprovechó para perfeccionar su técnica con su recientemente adquirido laúd hasta que un día llegó al piso un paquete a su nombre. El paquete venía desde el Territorio Libre de El Paso y cuando lo abrió se encontró en su interior un antiguo tomo forrado en piel titulado “Fundamentos del Fuego elemental” y una carta en la que Ortha le agradecía su ayuda y le ofrecía el libro como obsequio. Además venía incluida su dirección en El Paso para que si algún día pasaba por allí le hiciese una visita.
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