Capítulo 01, La purga. (Parte 2)
Con Yisus en el papel de Onix paladín de Jubnauz
Con Satori en el papel de Walrus paladín de Nauin
Con Patri en el papel de Eliza paladina de Arcoden
Con Lordyeurl en el papel de Sirev paladín de Amideria
Con Gloria en el papel de Sarah.
Los cuatro Paladines dejaron marchar a Jyan, ya tenían la información que necesitaban. El Líder del culto de Abaddon se encontraba en un templo oculto en lo más profundo del bosque Ruffon junto a un lago, a menos de ocho días de viaje desde allí. Antes de ponerse en marcha Walrus llamó con un fuerte silbido a su fiel halcón que durante todo el viaje les había acompañado desde las alturas y le dio un mensaje para los paladines que se habían dirigido a la capital poniéndoles al tanto de la situación, tras esto reanudaron la marcha.
A las pocas horas de reanudar el viaje el grupo sufrió un desafortunado incidente, el caballo de la paladina Eliza pisó accidentalmente un cepo que dejó su pata malherida, Sirev intentó usar sus poderes curativos con el animal pero algo salió mal y la pata del animal estalló en pequeños pedacitos sanguinolentos, el grupo no tuvo más remedio que sacrificar al pobre caballo tras lo cual Eliza le dio un entierro digno.
Con uno de sus componentes sin montura el grupo tuvo que volver a la aldea de Borrojo a adquirir un nuevo caballo para Eliza que se encontraba bastante afligida por su pérdida. Con su nueva montura partieron de nuevo y tras 3 días de viaje alcanzaron su primera parada hasta llegar al bosque Ruffon, se trataba de Rennia, un pequeño poblado de campesinos.
Al llegar se encontraron con un pequeño tumulto en el centro del pueblo, al acercarse pudieron distinguir a tres hombres vestidos como servidores del culto de Abaddon, estos estaban propinando una paliza a una mujer que se encontraba ya en el suelo inconsciente.
Eliza que se encontraba aun afectada por la muerte de su caballo desató su furia contra los tres infelices que fueron brutalmente masacrados sin apenas ofrecer resistencia.
Las heridas de la mujer fueron tratadas por Sirev y cuando esta recuperó la consciencia se mostró algo recelosa con los paladines y no tardó en escaquearse, mas adelante en la taberna supieron que la mujer había estado difamando sobre el culto de Abaddon y así había provocado a los tres seguidores.
Pasaron la noche en la posada y a la mañana siguiente cuando se disponían a reanudar su viaje la mujer les salió al paso, se presentó como Sarah y tras una breve conversación resultó que iban en la misma dirección así que por su seguridad decidió compartir camino con ellos a lo que los paladines accedieron.
Durante el viaje los paladines se ganaron la confianza de Sarah que hasta entonces se había mostrado muy reservada y les explicó el porqué de su viaje. La mujer estaba buscando a su hermano desaparecido, un importante mago del reino llamado Grippo. El culto de Abaddon había intentado reclutarlo en varias ocasiones y este se había negado, tras esto desapareció misteriosamente y desde entonces ella ha estado investigándolo. Sarah les muestra varios documentos e informes detallados que demuestras otras muchas desapariciones a lo largo del reino y sospecha que el culto de Abaddon está detrás de todas ellas.
Gracias a su artefacto cronista Onix descubre que la mayoría de los desaparecidos son conocidos hechiceros y también el famoso arquitecto encargado del diseño del sistema de alcantarillado de varias ciudades. El culto de Abaddon es mayor de lo que ellos sospechaban.
Finalmente el grupo llega a la aldea de Ruffon, justo a los márgenes del bosque de mismo nombre. En esta aldea la presencia del culto Abaddon es más que evidente, la mayoría de aldeanos portan las vestimentas de los seguidores de Abaddon.
El grupo intenta pasar desapercibido dentro de la aldea, así que tras una breve parada para comprar provisiones continúan su viaje hacia el interior del bosque de Ruffon con la esperanza de pasar como simples viajeros que atraviesan el camino del bosque para dirigirse al reino vecino de Coraa.
Tras avanzar durante unas horas por el sendero del bosque se dan cuenta de que otro grupo se acerca a caballo por detrás así que deciden salir del sendero y adentrarse entre la maleza. Onix por su parte decide quedarse cerca del camino, oculto por un conjuro de invisibilidad, gracias a esto puede ver a sus perseguidores, siete jinetes con vestimentas del culto y bien armados.
Estos parecen estar siguiéndoles el rastro y cuando llegan al lugar donde se han adentrado en el bosque se detienen y envían a uno de los suyos de vuelta al poblado.
Esos tipos les habían descubierto y ellos le pusieron fácil solución. Walrus se transformó en lobo y gracias a su velocidad incrementada salió en persecución del tipo que había ido a avisar al poblado. Mientras Walrus interceptaba al jinete el resto se hizo cargo de los demás. Una llamarada de Onix los prendió a todos dejándolos bastante indefensos ante Eliza y Sirev que los remataron sin piedad. Una vez reunido el grupo se deshicieron de los cadáveres y Sirev se hizo cargo de las heridas recibidas en el combate, y tras esto continuaron adentrándose en el bosque guiados por Onix.
Encontrar el templo resultó mucho más fácil de lo que esperaban, era una sólida construcción de piedra junto a un pequeño lago, parte del templo se alzaba sobre las aguas dándole un aspecto imponente, la única entrada visible era frontal y estaba abierta de par en par invitando a entrar. Walrus que continuaba convertido en lobo olfateó los alrededores y puesto que no detectó a nadie cerca los cinco se adentraron en el templo. Estaban en una antesala del templo y la puerta que daba a la sección principal estaba cerrada, en el centro de la estancia había una extraña estatua de aspecto siniestro. Eliza se dispuso a abrir la puerta cerrada pero al empujarla activó un mecanismo que hizo que la puerta exterior se cerrase también dejándolos atrapados, acto seguido dos llamaradas surgieron de los laterales de la habitación inundándola de fuego y abrasándolos vivos. Los daños fueron demoledores, especialmente para Onix que cayó fulminado en el acto pero Sirev pudo rescatarlo de las garras de la muerte gracias a sus poderes curativos. Después Sirev atendió al resto de heridos puesto que si sufrían otra de esas descargas lo más probable es que todos resultasen muertos.
Esta vez probaron algo diferente, utilizaron la llave que habían conseguido en Borrojo con la boca de la estatua y esta encajó a la perfección, después la estatua se tragó la llave y escucharon el sonido de un mecanismo y finalmente pudieron abrir la puerta interior.
Esta nueva estancia era mucho más grande, estaba llena de columnas, en el centro había un altar elevado y al fondo un gran mural que representaba a una figura oscura siendo coronada, no había ninguna otra entrada y el templo estaba completamente vacío. Tras un examen más exhaustivo descubrieron unas minúsculas incrustaciones en la corona del mural y después de analizarlas vieron que se correspondían con la colocación de las columnas del templo y que dos de estas incrustaciones tenían un color diferente al resto. Examinaron las columnas marcadas y descubrieron pulsadores en ambas, sin pensarlo demasiado presionaron estos pulsadores a la vez y activaron un mecanismo que reveló una entrada oculta en el altar que descendía por una escalera de mano hasta desaparecer en la oscuridad.


