3.5 – El baile
Con Satori en el papel de Máximo Delawer
Con Laja en el papel de Zacarías Delawer
Con Gloria en el papel de Milla Delawer
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Otras rutas: Capítulo 3. Hermanos, Crónica del Laberinto
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Otras rutas: Capítulo 3. Hermanos, Crónica del Laberinto
Con Kino en el papel de Ulric Delawer
Con Laja en el papel de Zacarías Delawer
Con Gloria en el papel de Milla Delawer
Escrito por Satori

A diferencia de sus hermanos Zacarías se había quedado en Narrojo a cargo de la granja pero se vió obligado a poner rumbo a Barboca cuando apareció en el pueblo un soldado herido que resultó ser el hijo de unos granjeros de la zona. El soldado provenía del ejército al que se supone que se está manteniendo con las recaudaciones que se envían a la ciudad desde todas las granjas y el soldado magullado y confundido afirmaba que habían sido atacados semanas atrás. Algo andaba mal, sur hermanos podían estar en peligro y debía ir a Barboca a avisarles.
Tras una travesía sin demasiados contratiempos llegó a Barboca donde no le constó seguirles el rastro a sus hermanos que por lo visto habían estado bastante ocupados. Escucho rumores de que unos individuos que encajaban con la descripción de ellos habían sido apresados por la guardia y más tarde se habían dado a la fuga. Fue una autentica suerte que se encontrase con Máximo, el cuál iba de camino a la taberna para encontrarse con sus hermanos. Tras un efusivo saludo, se pusieron al corriente mutuamente y se dirigieron juntos a su destino.
Al llegar había un gran alboroto en el lugar y un tipo obstruía la puerta de la taberna y no dejaba pasar a nadie, excusa suficiente para que Máximo le rompiese la boca y junto con Zacarías se abriese paso hasta sus hermanos. Se encontraron con ellos al entrar, una dura pelea estaba teniendo lugar en aquél antro. Ulric, Milla y el Regidor junto con su guardaespaldas seguían enfrentándose a los atacantes en el piso de abajo que oponían una fuerte resistencia. Cuando superaron a los enemigos con gran habilidad y hubo finalizado el combate, el grupo decidió dirigirse hacia el templo para ser atendidos médicamente (la pelea había sido dura y la mayoría había recibido heridas) y compartir la información que cada uno poseía para meditar sobre la situación.
Una vez estabilizados y a salvo, conversaron entre ellos junto con el sacerdote de Arcoden para demostrar que decían la verdad y tratar el asunto de la corrupción. Discutieron largo y tendido sobre la situación pero las horas pasaban y no daban con una solución clara y cualquier idea parecía incorrecta así que como ya era tarde el Regulador tomó la iniciativa de irse a dormir y los demás le imitaron.
A la mañana siguiente descartaron la idea de salir de la ciudad por el peligro que suponía el intentarlo. El sacerdote de Arcoden los iluminó al comunicarles que había estado investigando por su cuenta y había descubierto que en el cementerio del templo se había enterrado recientemente numerosos cuerpos clasificados como desconocidos lo cual no era nada habitual. También les comentó que el sacerdote de Derrumt (deidad funeraria) que era el encargado de la gestión del cementerio, se había negado en a darle información sobre el asunto.
Eso era sospechoso, muy sospechoso. Acordaron dividirse por la ciudad para dedicar el día a conseguir información.
Ulric se dirigió al distrito noble, Zacarías al barrio gremial, Milla al mercado y Máximo al Templo.
Ulric se encontró con que en el distrito noble todo estaba muy tranquilo, se respiraba un aire de felicidad y despreocupación comparado con la "crisis" que estaban sufriendo las granjas que no parecía haber afectado la más mínimo a este distrito sino más bien todo lo contrario. El hecho más comentado en las calles del distrito era el baile que en breve se celebraría en casa del Gobernador.
Zacarías no descubrió nada en particular en el distrito gremial aunque si le llamó la atención que había mucho movimiento de materia prima.
En el mercado Milla descubrió que los puestos estaban desbordados de mercancías, todas a bajo precio y con excedentes, cosa extraña teniendo en cuenta el diezmo se seguía cobrando de manera desorbitada a las granjas. También escuchó rumores de viajeros que habían llegado a la ciudad para ver a familiares alistados en el ejército y no se les permitió verlos e incluso se les había expulsado de la ciudad.
En el Templo, Máximo se pudo percatar de que los sacerdotes de Derrumt y Toerfiden actuaban de forma muy reservada. Por suerte consigue algo de información de algunos de los novicios que estaban al cargo cuando trajeron los cadáveres y estos le informan de que se trataba de varias decenas de cuerpos y que estos presentaban signos de haber muerto por heridas de batalla, degollados, o torturados.
Cuando cada uno terminó con su tarea, se vieron en el punto de encuentro antes acordado. Estaba claro que la corrupción se encontraba muy extendida en aquella ciudad, no podían confiar en nadie más que en ellos mismos. Buscar refuerzos dentro de la ciudad sería complicado, así que concluyeron que la opción más eficaz sería presentarse en el cuartel de la guardia y con la ayuda del regulador arrestar al Capitán y tomar el control de la guardia, de esa forma mermarían considerablemente la fuerza del enemigo.
Milla se quedó en el Templo por decisión propia, nunca se había interesado en el combate y prefería mantenerse al margen por su seguridad. El resto se dirigió al cuartel usando los pasadizos que les sirvieron en su momento para escapar de las celdas. El camino a través de los túneles subterráneos fue largo y tuvieron que prestar atención para no perderse pero finalmente llegaron hasta el acceso subterráneo del cuartel de la guardia. Se encontraron con una puerta cerrada que abrieron por medio de la fuerza bruta (no era momento de sutilezas), subieron unas escaleras e irrumpieron en una estancia en la cual se encontraban dos guardias que habían acudido alertados por el sonido de la puerta al romperse. Estos fueron derrotados sin mucha dificultad puesto que no se esperaban encontrarse con cuatro hombres armados hasta los dientes. Uno de ellos había sido neutralizado pero seguía consciente así que tras una sesión de tortura improvisada les reveló la habitación donde se encontraba el capitán. Se trataba de una carrera contrarreloj puesto que tenían que ponerlo bajo arresto antes de que este movilizase a la guardia, así que sin reparar demasiado en otros detalles fueron directamente hacia su objetivo que fue cogido por sorpresa en su despacho ajeno a los acontecimientos. A pesar de estar desarmado y en clara desventaja el capitán de la guardia de mostró firme y se mantuvo en una actitud de superioridad hacia el grupo pero tras hacerle ver que no tenía escapatoria decidió colaborar y entregarse sin oponer resistencia.
El Regulador lo puso bajo arresto y con ayuda de los hermanos asumió el mando de la guardia de la ciudad. Las cosas comenzaban a cambiar.
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Otras rutas: Capítulo 3. Hermanos, Crónica del Laberinto
Con Satori en el papel de Máximo Delawer
Con Kino en el papel de Ulric Delawer
Con Laja en el papel de Zacarías Delawer
Con Gloria en el papel de Milla Delawer
Escrito por Gloria Cubillas

Ya habían pasado cinco años desde el trágico incidente de Cotar y los hermanos Delawer habían conseguido rehacer sus vidas. Tuvieron suerte de contar aun con un lejano pariente, Dergo Buenpastor, en el valle de Abarrizo, que dirigía una pequeña granja en Narrojo, y aunque no le interesaba lo más mínimo la vida de los hermanos, consiguió mano de obra barata para su granja.
Con los años, cada hermano siguió su camino. El mayor, Máximo, considerando que todo lo ocurrido en Cotar había sido un milagro se volvió religioso. El “pequeño” Zacarías, con su afán por la granja comenzó a dirigirla cuando su tío ya fue demasiado mayor para llevar a cabo sus labores. El pequeño bebe ya no lo era, había crecido y se había convertido en una preciosa niña de nombre Carla. Confiaban en que nunca supiera toda la verdad de lo ocurrido el día que la encontraron. Ulric, para evitar nuevos sucesos parecidos se unió a la milicia de la ciudad para así estar preparado si su familia volvía a estar en apuros. Milla, gracias a que era una de las pocas de la ciudad que sabía leer y escribir consiguió un puesto junto al alcalde, llegando a ser finalmente su secretaria y persona de confianza del alcalde.
Aunque la vida en la granja había sido sencilla y plena, los últimos meses todo estaba cambiando. En la capital del valle, Barboca, se habían instalado el general Retius y sus tropas, recién llegados de la guerra. Todo normal si no fuera porque el diezmo se había duplicado. Los pueblos debían entregar más de lo que poseían, el invierno se acercaba y las provisiones escaseaban. Había que buscar una solución.
El alcalde, agobiado por la situación decidió tomar medidas desesperadas, suplicar clemencia, aunque no tenía esperanzas en que se la concedieran. Hizo llamar a Milla, su secretaria y le explico la situación. Decidió mandarla a ella a hablar con el general, con la esperanza de que sus dotes como dialogadora consiguieran convencer al general. Mandarían el ultimo carro como diezmo, con la mitad de lo estipulado, ya que no quedaba más en todo el pueblo, y saldría de su granja. Antes de que Milla se marchara a prepararlo todo el alcalde le dijo que hablara con su hermano Ulric, que necesitaba que sus últimas provisiones llegaran seguras, y al ir ella, tanto su hermano como ella irían más cómodos en el viaje. Milla hablo con su hermano y este estuvo de acuerdo, marchándose de inmediato a prepararlo todo para el viaje.
Mientras Ulric preparaba todo recibió una grata visita, su hermano Máximo necesitaba pedirle algo, al parecer el sacerdote del pueblo, lo enviaba a él, al sacristán, a la ciudad a entregar una carta, la cual debía darle en mano al sacerdote de Arcoden en Barboca, al parece, el padre estaba ya demasiado mayor como para hacer él mismo el viaje. Como Máximo no se fiaba del camino, había ido a pedirle a su hermano una armadura y armas para ir protegido. Fue todo una sorpresa para él el saber que no iría solo, sus hermano también se dirigían a la ciudad, harían el camino juntos.
El día previsto iniciaron el viaje, y este se realizo sin ningún percance, solo se cruzaron con una caravana bien cargada y protegida que se dirigía hacia el interior del reino, pero no pudieron averiguar nada más. Continuando por el camino encontraron una bolsa de monedas, que decidieron guardar por si pertenecía a alguno de los jinetes que iban escoltando la carava, esperando volver a cruzarse de nuevo con ellos a la vuelta.
Llegaron a Barboca cuando ya estaba anocheciendo, por lo que tras acceder a la ciudad buscaron un lugar donde mantener a salvo el carro durante la noche, y después, un lugar donde poder dormir tranquilos.
Encontraron una taberna a un precio muy razonable y decidieron hospedarse ahí. Mientras cenaban una sopa muy aguada, un extraño encapuchado entro en la taberna y se dirigió al tabernero. Tras una pequeña charla y varias miradas hacia su mesa, el encapuchado se marchó. Como les daba muy mala pinta, intentaron interceptarlo y sacarle algo de información, ya que no era muy normal que los mirara tanto sin conocerlos de nada. El hombre se mostro reacio a decir nada y finalmente lo dejaron marchar. No contentos con esto hablaron con el tabernero. Este les dijo que solo preguntaba por extranjeros. Ese dato no tranquilizo mucho a los hermanos, por lo que decidieron ir comprobar si su carro estaba bien. En el almacén no había entrado nadie, pero eso seguía sin gustarles, y mucho menos a Máximo, que no se sentía cómodo llevando la carta encima, por lo que decidieron ir de inmediato a la iglesia y entregarla para quitarse ese peso de encima.
Mientras caminaban tranquilamente por la ciudad un guardia les paro, cosa que les extraño muchísimo. Sin darle más explicaciones les dijo que debían acompañarlo al cuartel, que debían aclarar un problema con ellos, que coincidían con la descripción de tres sospechosos. No pudieron resistirse y lo acompañaron, aunque no de muy buena gana.
Una vez en el cuartel les comunicaron los cargos. Al parecer eran sospechosos de asesinar a tres granjeros en el camino que lleva a la ciudad y suplantar su identidad, y por lo tanto, hasta que nadie confirmara que eran quienes decían ser no podían dejarlos marchar. Los hermanos, convencidos de que todo era un error decidieron confiar en la guardia y les comunicaron que podían avisar al alcalde le Narroja, que él les daría toda la información. Pero eso no les libró de pasar la noche en una celda.
Tras esperar toda la noche se dieron cuenta de que algo no iba bien, según sus cálculos ya debería estar anocheciendo, llevaban ahí un día y nadie les había dicho aun nada. Solo les habían llevado un plato de comida, algo que no les daba muchas esperanzas de salir de ahí en breve. Finalmente pasaron ahí dos días más.
Cuando ya lo daban todo por perdido alguien les dio esperanzas de poder salir de allí. Al parecer, uno de los guardias se sentía culpable por lo que estaba pasando y les dio algo de información. La guardia estaba corrupta. Se dedican a encarcelar a extranjeros para poder quedarse con sus pertenencias, ya que nadie en la ciudad los echaba de menos. Al final, si no morían en la cárcel los abandonaban a su suerte en los caminos que llevaban a la ciudad, donde solían morir. El misterioso guardia estaba harto de todo eso y estaba dispuesto a ayudarlos a salir de allí si iban contarle todo al regulador que actualmente estaba visitando la ciudad, el único que podía poner orden en todo ese asunto. Aunque no muy convencidos aceptaron la ayuda del guardia. A la noche siguiente les abriría la puerta para que pudieran escapar por un viejo pasadizo subterráneo que recorría las entrañas de la ciudad al cual se accedía desde el mismo piso en el que estaban encerrados a través de una entrada oculta en la pared.
El guardia cumplió con su palabra y los dejó libres y tras seguir sus indicaciones localizaron la entrada secreta y se adentraron en los pasadizos inferiores donde encontraron una caja con todas sus pertenencias, salvo el dinero y demás objetos de valor, y unas capas y antorchas, cortesía del guardia. En una nota adjunta encontraron las instrucciones que debían seguir y un mapa. Tras tomarse unos minutos para conseguir orientarse en aquel subterráneo se dirigieron en la dirección que el mapa indicaba, el pasadizo tenía varias ramificaciones que decidieron ignorar y en general no estaba en muy buen estado. Consiguieron llegar al lugar donde debían encontrarse con el guardia para que les contara toda la historia desde el principio y porque él estaba cooperando, pero solo encontraron una nota de disculpa, al parecer el guardia había tenido que marcharse porque se habían demorado demasiado, al menos en la nota estaba toda la información para localizar al regulador. Como ya no podían hacer nada mas ahí abajo salieron al exterior a través de unas catacumbas abandonadas. Por suerte para Máximo, la salida daba al cementerio, el cual se encontraba junto a la iglesia. Máximo les dijo que antes de continuar quería entregar la nota, así que entraron en la iglesia, el único lugar donde podrían estar a salvo por el momento. Por precaución se quitaron las capas, no reconocían el emblema que había en ellas, y no querían arriesgarse más.
Al parecer la nota era una carta de recomendación para que Máximo fuera el nuevo párroco del pueblo, pero eso no podría suceder de inmediato, debían arreglar muchas cosas antes. Como seguían con la mosca detrás de la oreja, le preguntaron al sacerdote de Arcoden por la insignia de las capas, ya que parecía ser un hombre de confianza. Este les dijo que era el emblema del imperio, y que cualquiera que llevase ese símbolo sería considerado un espía o un traidor. Asustados por los nuevos problemas que se les venían encima hicieron lo posible para deshacerse de las capas, algo que no resulto fácil debido a las sospechas que el padre comenzaba a tener sobre ellos.
Mientras estaban fuera contemplaron todas sus posibilidades, o se arriesgaban a hablar con el regulador, a pesar de que todo parecía ser una trampa, o confiaban en el padre y le contaban toda la verdad, con los riesgos que eso suponía. Al no ponerse de acuerdo se dividieron, Máximo entró de nuevo a la iglesia, dispuesto a contárselo todo al padre, mientras que sus hermanos fueron en busca del regulador.
El padre no se tomó muy bien la confesión de Máximo, y le insistió reiteradamente en que se entregaran, que sería lo mejor y si todo era verdad Arcoden, el dios de los justos, les ayudaría. A Máximo no le pareció muy buena idea, sabía que la guardia estaba corrupta y ni Arcoden ni ningún dios podría ayudarlos si volvían a atraparlos, por lo que convenció al padre para que no les delatara.
Milla y Ulric fueron a la posada que les indico el guardia, supuestamente ahí deberían encontrar al regulador. Iban con la alerta activada ya que podría estar escoltado y que todo fuera una trampa. A primera vista todo parecía tranquilo. El posadero les confirmo que la persona a la que buscaban se encontraba ahí, pero que quería a cambio algo de dinero si querían saber más. Como no tenían nada, Milla consiguió sonsacarle algo de información, de una manera que no le gusto nada (tuvo que “restregarse” un poco con él) pero al menos consiguió saber donde estaba.
Como todo parecía tranquilo, en vez de darle una nota para que se encontrara con ellos en un lugar seguro, decidieron ir directamente a hablar con él en persona. En la puerta del regulador había dos escoltas personales, los cuales accedieron a que Milla pasara a hablar con el regulador si antes se desarmaba. Como ella no era una mujer de armas le dio a su hermano su única daga y paso.
Mientras Milla le contaba toda la historia al regulador, fuera, en el pasillo, su hermano Ulric y los escoltas del regulador fueron atacados por los guardias de la ciudad que gritaban cosas como “acabad con los traidores al reino” o “están colaborando con espías del imperio”. El regulador se unió al combate y junto a sus hombres y Ulric plantaron cara a los guardias. Fue un combate cruento pero todos los guardias murieron, eso sí llevándose a uno de los hombres del regulador con ellos.
Tras el combate el regulador llego a una conclusión. Estaban intentando matarle y ellos habían sido elegidos para ser inculpados en una trama de traición. A partir de ese momento debían actuar juntos si quería que todo este asunto acabara “bien”.
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Otras rutas: Capítulo 3. Hermanos, Crónica del Laberinto
Con Satori en el papel de Máximo Delawer
Con Kino en el papel de Ulric Delawer
Con Laja en el papel de Zacarías Delawer
Con Gloria en el papel de Milla Delawer
Escrito por Por Joaquin Vidal (Kino)

Amanece en la granja de los Delawer, una familia de granjeros residentes en Cotar, una pequeña isla del mar de Fibrien a varias millas de la costa de Cordalena. Al contrario que los granjeros del continente, disfrutan de una vida relativamente acomodada. Viven en una granja enorme a unas pocas horas en carro de la única ciudad de la isla, Cariza. En ella convive toda la familia: el matrimonio y sus 6 hijos, la esposa del mayor, así como los tres abuelos que quedan con vida, y un sobrino del matrimonio que quedó huérfano.
Matt es el hermano mayor, es ya un adulto que vive con su esposa en la granja junto al resto de la familia y se encarga de muchos de los asuntos de la granja junto a su padre.
Máximo es el siguiente en edad, un muchacho responsable que se esfuerza en evitar que sus hermanos pequeños no hagan demasiadas trastadas en la granja.
Milla es la hermana melliza de Máximo, es la única chica de los seis hermanos y también la más cultivada, desde pequeñita se interesó por los libros y su contenido y es la única que sabe leer y escribir.
Ulric es el siguiente en edad, se trata de un muchacho lleno de energía, revoltoso y travieso que a pesar de algunas travesuras a sus hermanos haría cualquier cosa por ellos puesto que les tiene mucho aprecio.
Zacarías es el siguiente en edad, es más pequeño y rechoncho que sus hermanos mayores y suele ser motivo de burla entre ellos por lo que siempre busca refugio en las faldas de su madre.
Tomás es el hermano menor, un pequeño muchacho que todavía está aprendiendo a hablar.
Como todas las mañanas, Ulric, el tercero, se levantó el primero y bajó corriendo a desayunar tras despertar con insistencia a sus hermanos. Abajo, la madre de los chicos preparaba un abundante desayuno a base de huevos y carne, preocupada ante el retraso de su marido y su hijo mayor, Matt, que tendrían que haber vuelto de vender huevos y leche a la ciudad. Tras un día tranquilo, la familia se reúne para cenar, y al llegar los chicos ven que su padre y su hermano no han vuelto aún. Su madre discute con los abuelos si deberían ir a buscarlos. Máximo, el segundo hermano, interrumpe a su madre, convencido de que él puede encargarse de ir en su búsqueda. Tras discutir el asunto y terminar la cena, la madre los manda a la cama, sin haber decidido aún qué hacer.
Al día siguiente, cuando los chicos bajan a la cocina se encuentran con que su madre ha decidido que Máximo puede ir a buscar a su padre y a su hermano. Otros tres hijos suyos, Milla, Ulric y el rechoncho Zacarías, deciden acompañar a su hermano a Cariza. Enseguida parten en un carromato hacia la ciudad. Durante la travesía, pasan cerca de un bosque al pie de una enorme loma cuyo linde se extiende paralelo al camino. Más adelante, encuentran unas ropas ensangrentadas en la carretera, y lo achacan a una silueta que vieron al pasar cerca del bosque. Temiendo el asalto de bandidos, aceleran el paso.
Finalmente, divisan la ciudad en el horizonte, y según se van acercando, se dan cuenta de que algo ocurre, puesto que al contrario que otras veces que Milla y Máximo han ido a la ciudad, no hay un alma en la calle. Deciden ir directos a casa de sus tíos, una pareja residente en la ciudad, donde suelen pasar la noche cuando van a vender sus productos. Según se acercan, observan que además de que la ciudad está desierta algunas ventanas están rotas, hay puertas entreabiertas y mercancías abandonadas en plena calle. Al llegar a la casa de sus tíos se encuentran la puerta entreabierta y deciden entrar, entonces un ruido a sus espaldas los sobresalta, y al darse la vuelta ven que un hombre armado con una azada los mira fijamente mientras una siniestra sonrisa asoma por la comisura de sus labios. De repente, echa a correr hacia ellos blandiendo la azada, pero el hombre es lento y les da tiempo a entrar en la casa y atrancar la puerta. Mientras el hombre golpea la puerta y los insta a salir mientras ríe a carcajadas.
Mientras Ulric y Zacarías inspeccionan la planta baja, consistente en un salón grande y una cocina, buscando velas, Máximo y Milla suben las escaleras al segundo piso buscando signos de vida. En la cocina todo está desordenado, y todo el suelo está cubierto de cajones fuera de su sitio y utensilios de cocina. Deciden coger algunos cuchillos para defenderse, y en uno de los cajones encuentran unas velas y unos fósforos. De repente, oyen a Milla gritar y vuelven al salón. Al ver que no están ahí, Ulric sube corriendo las escaleras, pero se queda paralizado al llegar arriba: un cadáver yace en el pasillo del piso superior, cubierto de sangre y cortes, y sin cabeza. De repente, Máximo y Milla salen de una de las habitaciones, llorando.
-No entres.- Máximo hace un gesto con la mano a Ulric.
- ¿Qué ha pasado? - Responde.
Mientras, Zacarías ha subido también, y mira petrificado el cadáver.
- Nuestro padre ha muerto, y Matt también. - Dice Milla, sollozando.
Los chicos, terriblemente afectados, tardan un poco en darse cuenta que el hombre de la azada continúa dando golpes a la puerta, y llamándolos.
- Ha sido él, seguro. - Concluye Máximo.
Ulric, sin mediar palabra, baja corriendo por las escaleras.
Máximo y Milla tardan en asimilar lo que han visto: al entrar a la habitación, la horrible visión de tres cabezas sangrantes, con rostros torcidos por el horror, colocadas en hilera encima de un viejo escritorio. Su padre, su hermano mayor y su tía han sido asesinados, y sus cabezas separadas de sus cuerpos. Se dan cuenta que el cadáver sin cabeza es de su tía, y deciden terminar de examinar las habitaciones, en busca de su tío. Tras comprobar una habitación vacía, entran a la última, horrorizándose una vez más al encontrar los dos cadáveres sin cabeza restantes colocados encima de la cama de forma obscena, aberrante, uno sobre otro. Al no encontrar rastro de su tío, deciden que tienen que salir de allí cuanto antes, y salen de la habitación. En ese momento, oyen un grito.
- ¡Le he dado! ¡Creo que lo he matado! - La voz de Ulric suena estridente, y excitada.
Milla decide atrancarse en la habitación hasta que pase el peligro, cogiendo a Zacarías e instándole para que se quede con ella. Máximo sale de la habitación, mientras Milla cierra la puerta a sus espaldas, y baja las escaleras. Al bajar, Ulric le cuenta cómo ha apuñalado en la cara al hombre de la azada, tras atraerlo hacia la ventana rota. Los chicos deciden que tienen que encontrar la forma de escapar, así que buscan una vía de escape, pero las únicas ventanas de la planta baja son demasiado pequeñas y dan a la calle donde les espera el siniestro personaje. Finalmente, deciden enfrentarse a él.
Máximo y Ulric bajan a la planta baja mientras Milla protege a Zacarías en la planta superior, y mientras Máximo abre la puerta, Ulric, escondido en un lateral, asalta al enorme hombre cuando éste pasa por su lado, directo hacia Máximo, el ataque lo pilla por sorpresa cortándole la yugular y haciendo que caiga al suelo, convulsionando mientras sus ojos se apagan. Sin perder el tiempo, se asoman fuera, y al ver a lo lejos una turba de gente apaleando brutalmente a alguien, deciden echar a correr en dirección contraria, para salvar sus vidas.
A la primera oportunidad salen de la calle principal para internarse en los callejones, buscando salir de la ciudad lo antes posible y volver a su granja. De repente, se oye el llanto de un bebé, y aunque Milla y Zacarías instan a sus hermanos a salir corriendo, Ulric y Máximo deciden salvarlo de una muerte segura. Localizan al bebe en algún lugar de la planta alta de una casa cercana. Ulric trepa por la fachada con ayuda de Máximo hasta el primer piso. Por suerte, la ventana estaba abierta, así que salta dentro de la habitación, en la que encuentra al bebé en una cuna. Justo cuando va a cogerlo, unos golpes en la puerta de la habitación lo sobresaltan, y temiendo que la historia se repita, coge al bebé rápidamente y sin pensarlo, salta por la ventana. Afortunadamente, Máximo sigue debajo y agarra como puede a ambos, salvándolos de una caída muy dolorosa. Continúan corriendo y de repente se dan cuenta que un hombre enorme los persigue. Continúan corriendo y serpenteando por los callejones hasta que llegan a la entrada de la ciudad, y tras varios cientos de metros más corriendo a campo abierto, pierden de vista a su perseguidor.
Cuando de nuevo divisan el linde del bosque que rodea la enorme loma, deciden desviarse y viajar por él para evitar ser vistos por el camino. De repente, oyen unos ruidos, y se esconden corriendo. Un grupo de hombres con los ropajes ensangrentados caminan cerca del linde del bosque, en dirección contraria a ellos. Portan armas llenas de sangre, y a algunos hasta les faltan extremidades. Los chicos se temen lo peor, y continúan su camino.
Al llegar a la casa, el paisaje es desolador. Todos los animales que están fuera de sus edificios se encuentran muertos, salvo alguna gallina suelta que picotea por aquí y por allá, ajena al desastre. Cuando se acercan a la entrada de la granja, observan aterrados cómo una figura humana cuelga del enorme cartel que indica el nombre de la granja. Su abuelo, sin ir más lejos, es quien está clavado de forma brutal en la madera, aún goteando sangre.
Los chicos pierden toda esperanza, pero deciden buscar algún superviviente antes de dar a su familia por perdida. Van directos al edificio principal y observan que todo está patas arriba, igual que en las casas de Cariza. Dejan al bebé que recogieron en la ciudad encima de una silla para investigar, y al subir al dormitorio, sorprenden a un hombre de espaldas, aserrando algo con ímpetu. Descubren qué es cuando ven la cabeza de su hermano, junto a otros miembros, colocados cerca de donde se encuentra el hombre del serrucho. Llenos de rabia y dolor, los tres mayores se lanzan hacia el hombre cuchillos en mano mientras Zacarías aún no ha terminado de subir la escalera. El hombre muere al instante bajo la lluvia de cuchilladas que le asestan. Salen de la habitación, y evitan que su hermano pequeño contemple tal carnicería. Al salir al exterior oyen un grito proveniente del establo. Al entrar, comprueban estupefactos a su tío, el que residía en la ciudad y no encontraron, con la ropa ensangrentada y un enorme cuchillo de carnicero en la mano. Al verlos, sonríe, se da la vuelta y se encamina hacia un cuarto que hay al final del establo.
Venid, quiero enseñaros algo…
Ulric, dándose cuenta de que su tío también está afectado por lo que sea que afectó al resto de habitantes de la ciudad, intenta acabar con todo rápidamente, y lanza un cuchillo a su tío. El cuchillo se le clava profundamente en la espalda y el hombre se vuelve, fuera de sí, cargando con rabia contra sus sobrinos. Tras un encarnizado combate en un arranque de furia Zacarías ensarta a su tío con una horca dándole una muerte rápida.
Tras abatir a su tío y entran al cuarto del fondo del establo. Horrorizados, contemplan los cuerpos de su madre y sus dos abuelas colgadas de ganchos, como si fueran piezas de carne, completamente desfiguradas y descuartizadas. Su madre, aún viva, les dice a sus hijos que huyan lejos antes de exhalar su último aliento. Los chicos, comprendiendo que en la granja no están a salvo, deciden abandonar la isla. Tras recoger todo lo que creen necesario y abrigar al bebé, echan a andar bordeando la costa, en dirección al puerto. Al día siguiente, fatigados y con el ánimo por los suelos, llegan al único puerto de la ciudad, donde aún se libra una batalla entre los que quieren huir de la isla, y los enajenados mentales que matan a todo el que se les pone por delante. Los chicos consiguen llegar a escondidas hasta un pequeño bote de remos, y no dudan en cogerlo y zarpar al mar abierto.
Al día siguiente, exhaustos de tanto correr, huir y remar, y preocupados por el sol y la deshidratación, cuando pensaban que todo estaba perdido, un barco pesquero los recoge. El barco va dirección al reino de Cordalena, donde los chicos esperan encontrar un futuro que les haga olvidar la pesadilla que han vivido los últimos días.
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