27 jul 2011

3.2 – Corrupción en Barboca.

Con Satori en el papel de Máximo Delawer
Con Kino en el papel de Ulric Delawer
Con Laja en el papel de Zacarías Delawer
Con Gloria en el papel de Milla Delawer

Escrito por Gloria Cubillas


Ya habían pasado cinco años desde el trágico incidente de Cotar y los hermanos Delawer habían conseguido rehacer sus vidas. Tuvieron suerte de contar aun con un lejano pariente, Dergo Buenpastor, en el valle de Abarrizo, que dirigía una pequeña granja en Narrojo, y aunque no le interesaba lo más mínimo la vida de los hermanos, consiguió mano de obra barata para su granja.

Con los años, cada hermano siguió su camino. El mayor, Máximo, considerando que todo lo ocurrido en Cotar había sido un milagro se volvió religioso. El “pequeño” Zacarías, con su afán por la granja comenzó a dirigirla cuando su tío ya fue demasiado mayor para llevar a cabo sus labores. El pequeño bebe ya no lo era, había crecido y se había convertido en una preciosa niña de nombre Carla. Confiaban en que nunca supiera toda la verdad de lo ocurrido el día que la encontraron. Ulric, para evitar nuevos sucesos parecidos se unió a la milicia de la ciudad para así estar preparado si su familia volvía a estar en apuros. Milla, gracias a que era una de las pocas de la ciudad que sabía leer y escribir consiguió un puesto junto al alcalde, llegando a ser finalmente su secretaria y persona de confianza del alcalde.

Aunque la vida en la granja había sido sencilla y plena, los últimos meses todo estaba cambiando. En la capital del valle, Barboca, se habían instalado el general Retius y sus tropas, recién llegados de la guerra. Todo normal si no fuera porque el diezmo se había duplicado. Los pueblos debían entregar más de lo que poseían, el invierno se acercaba y las provisiones escaseaban. Había que buscar una solución.

El alcalde, agobiado por la situación decidió tomar medidas desesperadas, suplicar clemencia, aunque no tenía esperanzas en que se la concedieran. Hizo llamar a Milla, su secretaria y le explico la situación. Decidió mandarla a ella a hablar con el general, con la esperanza de que sus dotes como dialogadora consiguieran convencer al general. Mandarían el ultimo carro como diezmo, con la mitad de lo estipulado, ya que no quedaba más en todo el pueblo, y saldría de su granja. Antes de que Milla se marchara a prepararlo todo el alcalde le dijo que hablara con su hermano Ulric, que necesitaba que sus últimas provisiones llegaran seguras, y al ir ella, tanto su hermano como ella irían más cómodos en el viaje. Milla hablo con su hermano y este estuvo de acuerdo, marchándose de inmediato a prepararlo todo para el viaje.

Mientras Ulric preparaba todo recibió una grata visita, su hermano Máximo necesitaba pedirle algo, al parecer el sacerdote del pueblo, lo enviaba a él, al sacristán, a la ciudad a entregar una carta, la cual debía darle en mano al sacerdote de Arcoden en Barboca, al parece, el padre estaba ya demasiado mayor como para hacer él mismo el viaje. Como Máximo no se fiaba del camino, había ido a pedirle a su hermano una armadura y armas para ir protegido. Fue todo una sorpresa para él el saber que no iría solo, sus hermano también se dirigían a la ciudad, harían el camino juntos.

El día previsto iniciaron el viaje, y este se realizo sin ningún percance, solo se cruzaron con una caravana bien cargada y protegida que se dirigía hacia el interior del reino, pero no pudieron averiguar nada más. Continuando por el camino encontraron una bolsa de monedas, que decidieron guardar por si pertenecía a alguno de los jinetes que iban escoltando la carava, esperando volver a cruzarse de nuevo con ellos a la vuelta.

Llegaron a Barboca cuando ya estaba anocheciendo, por lo que tras acceder a la ciudad buscaron un lugar donde mantener a salvo el carro durante la noche, y después, un lugar donde poder dormir tranquilos.

Encontraron una taberna a un precio muy razonable y decidieron hospedarse ahí. Mientras cenaban una sopa muy aguada, un extraño encapuchado entro en la taberna y se dirigió al tabernero. Tras una pequeña charla y varias miradas hacia su mesa, el encapuchado se marchó. Como les daba muy mala pinta, intentaron interceptarlo y sacarle algo de información, ya que no era muy normal que los mirara tanto sin conocerlos de nada. El hombre se mostro reacio a decir nada y finalmente lo dejaron marchar. No contentos con esto hablaron con el tabernero. Este les dijo que solo preguntaba por extranjeros. Ese dato no tranquilizo mucho a los hermanos, por lo que decidieron ir comprobar si su carro estaba bien. En el almacén no había entrado nadie, pero eso seguía sin gustarles, y mucho menos a Máximo, que no se sentía cómodo llevando la carta encima, por lo que decidieron ir de inmediato a la iglesia y entregarla para quitarse ese peso de encima.

Mientras caminaban tranquilamente por la ciudad un guardia les paro, cosa que les extraño muchísimo. Sin darle más explicaciones les dijo que debían acompañarlo al cuartel, que debían aclarar un problema con ellos, que coincidían con la descripción de tres sospechosos. No pudieron resistirse y lo acompañaron, aunque no de muy buena gana.

Una vez en el cuartel les comunicaron los cargos. Al parecer eran sospechosos de asesinar a tres granjeros en el camino que lleva a la ciudad y suplantar su identidad, y por lo tanto, hasta que nadie confirmara que eran quienes decían ser no podían dejarlos marchar. Los hermanos, convencidos de que todo era un error decidieron confiar en la guardia y les comunicaron que podían avisar al alcalde le Narroja, que él les daría toda la información. Pero eso no les libró de pasar la noche en una celda.

Tras esperar toda la noche se dieron cuenta de que algo no iba bien, según sus cálculos ya debería estar anocheciendo, llevaban ahí un día y nadie les había dicho aun nada. Solo les habían llevado un plato de comida, algo que no les daba muchas esperanzas de salir de ahí en breve. Finalmente pasaron ahí dos días más.

Cuando ya lo daban todo por perdido alguien les dio esperanzas de poder salir de allí. Al parecer, uno de los guardias se sentía culpable por lo que estaba pasando y les dio algo de información. La guardia estaba corrupta. Se dedican a encarcelar a extranjeros para poder quedarse con sus pertenencias, ya que nadie en la ciudad los echaba de menos. Al final, si no morían en la cárcel los abandonaban a su suerte en los caminos que llevaban a la ciudad, donde solían morir. El misterioso guardia estaba harto de todo eso y estaba dispuesto a ayudarlos a salir de allí si iban contarle todo al regulador que actualmente estaba visitando la ciudad, el único que podía poner orden en todo ese asunto. Aunque no muy convencidos aceptaron la ayuda del guardia. A la noche siguiente les abriría la puerta para que pudieran escapar por un viejo pasadizo subterráneo que recorría las entrañas de la ciudad al cual se accedía desde el mismo piso en el que estaban encerrados a través de una entrada oculta en la pared.

El guardia cumplió con su palabra y los dejó libres y tras seguir sus indicaciones localizaron la entrada secreta y se adentraron en los pasadizos inferiores donde encontraron una caja con todas sus pertenencias, salvo el dinero y demás objetos de valor, y unas capas y antorchas, cortesía del guardia. En una nota adjunta encontraron las instrucciones que debían seguir y un mapa. Tras tomarse unos minutos para conseguir orientarse en aquel subterráneo se dirigieron en la dirección que el mapa indicaba, el pasadizo tenía varias ramificaciones que decidieron ignorar y en general no estaba en muy buen estado. Consiguieron llegar al lugar donde debían encontrarse con el guardia para que les contara toda la historia desde el principio y porque él estaba cooperando, pero solo encontraron una nota de disculpa, al parecer el guardia había tenido que marcharse porque se habían demorado demasiado, al menos en la nota estaba toda la información para localizar al regulador. Como ya no podían hacer nada mas ahí abajo salieron al exterior a través de unas catacumbas abandonadas. Por suerte para Máximo, la salida daba al cementerio, el cual se encontraba junto a la iglesia. Máximo les dijo que antes de continuar quería entregar la nota, así que entraron en la iglesia, el único lugar donde podrían estar a salvo por el momento. Por precaución se quitaron las capas, no reconocían el emblema que había en ellas, y no querían arriesgarse más.

Al parecer la nota era una carta de recomendación para que Máximo fuera el nuevo párroco del pueblo, pero eso no podría suceder de inmediato, debían arreglar muchas cosas antes. Como seguían con la mosca detrás de la oreja, le preguntaron al sacerdote de Arcoden por la insignia de las capas, ya que parecía ser un hombre de confianza. Este les dijo que era el emblema del imperio, y que cualquiera que llevase ese símbolo sería considerado un espía o un traidor. Asustados por los nuevos problemas que se les venían encima hicieron lo posible para deshacerse de las capas, algo que no resulto fácil debido a las sospechas que el padre comenzaba a tener sobre ellos.

Mientras estaban fuera contemplaron todas sus posibilidades, o se arriesgaban a hablar con el regulador, a pesar de que todo parecía ser una trampa, o confiaban en el padre y le contaban toda la verdad, con los riesgos que eso suponía. Al no ponerse de acuerdo se dividieron, Máximo entró de nuevo a la iglesia, dispuesto a contárselo todo al padre, mientras que sus hermanos fueron en busca del regulador.

El padre no se tomó muy bien la confesión de Máximo, y le insistió reiteradamente en que se entregaran, que sería lo mejor y si todo era verdad Arcoden, el dios de los justos, les ayudaría. A Máximo no le pareció muy buena idea, sabía que la guardia estaba corrupta y ni Arcoden ni ningún dios podría ayudarlos si volvían a atraparlos, por lo que convenció al padre para que no les delatara.

Milla y Ulric fueron a la posada que les indico el guardia, supuestamente ahí deberían encontrar al regulador. Iban con la alerta activada ya que podría estar escoltado y que todo fuera una trampa. A primera vista todo parecía tranquilo. El posadero les confirmo que la persona a la que buscaban se encontraba ahí, pero que quería a cambio algo de dinero si querían saber más. Como no tenían nada, Milla consiguió sonsacarle algo de información, de una manera que no le gusto nada (tuvo que “restregarse” un poco con él) pero al menos consiguió saber donde estaba.

Como todo parecía tranquilo, en vez de darle una nota para que se encontrara con ellos en un lugar seguro, decidieron ir directamente a hablar con él en persona. En la puerta del regulador había dos escoltas personales, los cuales accedieron a que Milla pasara a hablar con el regulador si antes se desarmaba. Como ella no era una mujer de armas le dio a su hermano su única daga y paso.

Mientras Milla le contaba toda la historia al regulador, fuera, en el pasillo, su hermano Ulric y los escoltas del regulador fueron atacados por los guardias de la ciudad que gritaban cosas como “acabad con los traidores al reino” o “están colaborando con espías del imperio”. El regulador se unió al combate y junto a sus hombres y Ulric plantaron cara a los guardias. Fue un combate cruento pero todos los guardias murieron, eso sí llevándose a uno de los hombres del regulador con ellos.

Tras el combate el regulador llego a una conclusión. Estaban intentando matarle y ellos habían sido elegidos para ser inculpados en una trama de traición. A partir de ese momento debían actuar juntos si quería que todo este asunto acabara “bien”.

6 comentarios:

kino dijo...

La partida está siendo muy épica, me va a dar pena que termine U_U

Este invierno tenemos que jugar otra campaña con estos personajes ^_^

Gloria dijo...

a ver si va escribiendo tu hermano la suya...

Aku dijo...

No lo veo yo con muchas ganas.

Gloria dijo...

yo le quitaria ya a tu hermano los 4 puntos de experiencia y lo bajaria de nivel ¬¬"

Gloria dijo...

yo le quitaria ya a tu hermano los 4 puntos de experiencia y lo bajaria de nivel ¬¬"

Gloria dijo...

mierda, se ha publicado dos veces