3.3 – Revancha
Con Kino en el papel de Ulric Delawer
Con Laja en el papel de Zacarías Delawer
Con Gloria en el papel de Milla Delawer
Escrito por Satori

A diferencia de sus hermanos Zacarías se había quedado en Narrojo a cargo de la granja pero se vió obligado a poner rumbo a Barboca cuando apareció en el pueblo un soldado herido que resultó ser el hijo de unos granjeros de la zona. El soldado provenía del ejército al que se supone que se está manteniendo con las recaudaciones que se envían a la ciudad desde todas las granjas y el soldado magullado y confundido afirmaba que habían sido atacados semanas atrás. Algo andaba mal, sur hermanos podían estar en peligro y debía ir a Barboca a avisarles.
Tras una travesía sin demasiados contratiempos llegó a Barboca donde no le constó seguirles el rastro a sus hermanos que por lo visto habían estado bastante ocupados. Escucho rumores de que unos individuos que encajaban con la descripción de ellos habían sido apresados por la guardia y más tarde se habían dado a la fuga. Fue una autentica suerte que se encontrase con Máximo, el cuál iba de camino a la taberna para encontrarse con sus hermanos. Tras un efusivo saludo, se pusieron al corriente mutuamente y se dirigieron juntos a su destino.
Al llegar había un gran alboroto en el lugar y un tipo obstruía la puerta de la taberna y no dejaba pasar a nadie, excusa suficiente para que Máximo le rompiese la boca y junto con Zacarías se abriese paso hasta sus hermanos. Se encontraron con ellos al entrar, una dura pelea estaba teniendo lugar en aquél antro. Ulric, Milla y el Regidor junto con su guardaespaldas seguían enfrentándose a los atacantes en el piso de abajo que oponían una fuerte resistencia. Cuando superaron a los enemigos con gran habilidad y hubo finalizado el combate, el grupo decidió dirigirse hacia el templo para ser atendidos médicamente (la pelea había sido dura y la mayoría había recibido heridas) y compartir la información que cada uno poseía para meditar sobre la situación.
Una vez estabilizados y a salvo, conversaron entre ellos junto con el sacerdote de Arcoden para demostrar que decían la verdad y tratar el asunto de la corrupción. Discutieron largo y tendido sobre la situación pero las horas pasaban y no daban con una solución clara y cualquier idea parecía incorrecta así que como ya era tarde el Regulador tomó la iniciativa de irse a dormir y los demás le imitaron.
A la mañana siguiente descartaron la idea de salir de la ciudad por el peligro que suponía el intentarlo. El sacerdote de Arcoden los iluminó al comunicarles que había estado investigando por su cuenta y había descubierto que en el cementerio del templo se había enterrado recientemente numerosos cuerpos clasificados como desconocidos lo cual no era nada habitual. También les comentó que el sacerdote de Derrumt (deidad funeraria) que era el encargado de la gestión del cementerio, se había negado en a darle información sobre el asunto.
Eso era sospechoso, muy sospechoso. Acordaron dividirse por la ciudad para dedicar el día a conseguir información.
Ulric se dirigió al distrito noble, Zacarías al barrio gremial, Milla al mercado y Máximo al Templo.
Ulric se encontró con que en el distrito noble todo estaba muy tranquilo, se respiraba un aire de felicidad y despreocupación comparado con la "crisis" que estaban sufriendo las granjas que no parecía haber afectado la más mínimo a este distrito sino más bien todo lo contrario. El hecho más comentado en las calles del distrito era el baile que en breve se celebraría en casa del Gobernador.
Zacarías no descubrió nada en particular en el distrito gremial aunque si le llamó la atención que había mucho movimiento de materia prima.
En el mercado Milla descubrió que los puestos estaban desbordados de mercancías, todas a bajo precio y con excedentes, cosa extraña teniendo en cuenta el diezmo se seguía cobrando de manera desorbitada a las granjas. También escuchó rumores de viajeros que habían llegado a la ciudad para ver a familiares alistados en el ejército y no se les permitió verlos e incluso se les había expulsado de la ciudad.
En el Templo, Máximo se pudo percatar de que los sacerdotes de Derrumt y Toerfiden actuaban de forma muy reservada. Por suerte consigue algo de información de algunos de los novicios que estaban al cargo cuando trajeron los cadáveres y estos le informan de que se trataba de varias decenas de cuerpos y que estos presentaban signos de haber muerto por heridas de batalla, degollados, o torturados.
Cuando cada uno terminó con su tarea, se vieron en el punto de encuentro antes acordado. Estaba claro que la corrupción se encontraba muy extendida en aquella ciudad, no podían confiar en nadie más que en ellos mismos. Buscar refuerzos dentro de la ciudad sería complicado, así que concluyeron que la opción más eficaz sería presentarse en el cuartel de la guardia y con la ayuda del regulador arrestar al Capitán y tomar el control de la guardia, de esa forma mermarían considerablemente la fuerza del enemigo.
Milla se quedó en el Templo por decisión propia, nunca se había interesado en el combate y prefería mantenerse al margen por su seguridad. El resto se dirigió al cuartel usando los pasadizos que les sirvieron en su momento para escapar de las celdas. El camino a través de los túneles subterráneos fue largo y tuvieron que prestar atención para no perderse pero finalmente llegaron hasta el acceso subterráneo del cuartel de la guardia. Se encontraron con una puerta cerrada que abrieron por medio de la fuerza bruta (no era momento de sutilezas), subieron unas escaleras e irrumpieron en una estancia en la cual se encontraban dos guardias que habían acudido alertados por el sonido de la puerta al romperse. Estos fueron derrotados sin mucha dificultad puesto que no se esperaban encontrarse con cuatro hombres armados hasta los dientes. Uno de ellos había sido neutralizado pero seguía consciente así que tras una sesión de tortura improvisada les reveló la habitación donde se encontraba el capitán. Se trataba de una carrera contrarreloj puesto que tenían que ponerlo bajo arresto antes de que este movilizase a la guardia, así que sin reparar demasiado en otros detalles fueron directamente hacia su objetivo que fue cogido por sorpresa en su despacho ajeno a los acontecimientos. A pesar de estar desarmado y en clara desventaja el capitán de la guardia de mostró firme y se mantuvo en una actitud de superioridad hacia el grupo pero tras hacerle ver que no tenía escapatoria decidió colaborar y entregarse sin oponer resistencia.
El Regulador lo puso bajo arresto y con ayuda de los hermanos asumió el mando de la guardia de la ciudad. Las cosas comenzaban a cambiar.