2.6 – Desapariciones en la sombra
Con Satori en el papel de Samuel
Con Patri en el papel de Elisa
Con Darkkz en el papel de Oserrim
Con Yisus en el papel de Brad Mizo
Con Gloria en el papel de Ángela Mizo
Llevaban una semana sin saber de Lucas hasta que finalmente recibieron un mensaje suyo. Lucas les explicaba que por diferentes motivos la organización había decidido reubicarle en otro lugar por lo que ya no se volverían a encontrar con él en Cordala, en su lugar recibirían las instrucciones para futuras misiones por correo y tras esto se despedía de ellos. Era una carta bastante sospechosa y los ojos entrenados de Brad no tardaron en descubrir la falsificación. Alguien había intentado imitar la letra y firma de Lucas sin mucho éxito.
Tras debatirlo decidieron investigar al asunto puesto que Lucas podría estar en peligro y comenzaron por “La Copa de Plata” que era el último lugar donde le habían visto. Allí preguntaron al tabernero, su nombre era Orel y a pesar de que siempre había estado allí en la barra durante sus reuniones con Lucas nunca habían intercambiado más de un par de palabras con él. Tras sonsacarle un poco supieron que Lucas tenía planeado encontrarse con Héctor que sería su cochero durante el viaje que le había llevado a abandonar la ciudad. Con esta nueva información se dirigieron a las afueras de la ciudad donde Héctor tenía su hogar y negocio.
Cuando llegaron se encontraron con que no había nadie en casa pero gracias a una verdulera que tenía su negocio enfrente supieron que Héctor llevaba una semana desaparecido y que su mujer no tardaría en volver a casa. Con esta información tramaron un plan para hacerse pasar por investigadores detrás de la desaparición de Héctor y así conseguir la colaboración de su mujer.
Finalmente la mujer llegó a casa, era una mujer bastante rolliza y de modales rudos a la que no fue fácil engañar. La mujer parecía verdaderamente preocupada, pero más por la idea de perder los ingresos de Héctor que de perder a su marido y cuando le contaron que lo estaban buscando les dio acceso a la oficina de Héctor para que buscasen en sus archivos cualquier cosa que les pudiera servir en la investigación.
Héctor era un tipo bastante ordenado que había guardado registros de todos sus trabajos y no les fue difícil encontrar su último trabajo registrado que coincidía con la partida de Lucas. El destino del viaje era bastante particular, se trataba de la fortaleza de Uterhawl, una antigua fortaleza en las montañas, años atrás abandonada y ahora convertida en unas ruinas recuerdos de un reino construido sobre los pilares de la guerra. Ahora ya sabían adonde se había dirigido Lucas antes de desaparecer aunque no tenían la más remota idea de porqué así que tras debatirlo todos estuvieron de acuerdo en ir hasta las ruinas de Uterhawl a investigar.
Partieron a la mañana siguiente. Contrataron al único cochero que pudieron encontrar con tán poco tiempo dispuesto a adentrarse en aquellas montañas las cuales se rumoreaba que estaban llenas de peligrosos animales salvajes y tuvieron que pagarle bien. Durante el viaje formularon varias teorías sobre lo que podría haber sucedido pero ninguna tenía una base solida así que decidieron no sacar conclusiones hasta obtener más pruebas.
Unas días después llegaron al pié de la fortaleza. En sus tiempos debió ser una fortaleza imponente pero ahora gran parte del edificio estaba derruido y solo un par de torreones se habían mantenido indemnes al paso del tiempo. Puesto que estaba anocheciendo decidieron acampar lejos de la fortaleza para evitar llamar la atención y esperar a la mañana siguiente para explorar el lugar. Aquella noche les costó conciliar el sueño debido a los sonidos de las criaturas nocturnas que escuchaban a su alrededor y recibieron con agrado la luz de la mañana.
Dejaron atrás al cochero y su carro y se dirigieron a la fortaleza a pié. Por el camino Ángela encontró oculto entre la maleza el carruaje de Héctor gracias a lo cual supieron que al menos habían llegado hasta su destino.
Registraron las ruinas pero no encontraron nada, las habitaciones que seguían en pié estaban vacías excepto por la maleza y los escombros y lao único que les quedaba era adentrarse en las mazmorras de las fortaleza a través de una entrada que alguien parecía haber despejado de cascotes. En los pasillos de la mazmorra encontraron numerosas huellas marcadas en la gruesa capa de polvo del suelo y tras analizarlas supieron que seis personas habían entrado pero solo cuatro habían salido de allí.
Siguieron las huellas a través de los oscuros pasillos subterráneos examinando a su paso las estancias que en su momento debieron ser celdas o almacenes. La mayoría de puertas estaban arrancadas o rotas y en las habitaciones no encontraron más que polvo y telarañas hasta que finalmente llegaron a la única puerta que seguía entera. Alguien la había atrancado con un tronco de madera desde fuera y las huellas entraban y salían del interior. Las dos personas que no habían salido debían seguir en aquella estancia.
No se escuchaba nada al otro lado de la puerta así que la desatrancaron, prepararon sus armas y Elisa abrió la puerta lentamente. Aunque ya lo sospechaban lo que encontraron dentro les sorprendió igualmente. Había dos cuerpos: Lucas estaba colgado de los brazos en una de las paredes, había sangre por toda su ropa y bajo el. Héctor estaba tumbado en el suelo sobre un charco de sangre. Samuel examinó los cuerpos, ambos estaban muertos y parecían haber sido torturados aunque Héctor parecía haber recibido la peor parte y su muerte parecía causada por la propia paliza. Lucas tenía un profundo corte en el cuello que parecía haberle causado la muerte por desangramiento.
Había un par de sillas en medio de la habitación y restos de cuerda por lo que dedujeron que los habían tenidos ahí atados. Tras examinar la habitación encontraron una daga oculta entre algunos escombros en un rincón que encajaba con la vaina vacía que Lucas llevaba en el cinturón.
Después de examinar mejor los cuerpos descubrieron un mensaje grabado con cortes en la espalda de Héctor, una dirección del distrito noble.
Decidieron dejar todo conforme lo habían encontrado por si los asesinos volvían y terminaron de registrar los subterráneos de la fortaleza. Fue entonces cuando de casualidad encontraron la entrada secreta. Gracias a unos surcos en el suelo apenas visibles a causa del polvo descubrieron que parte del muro estaba diseñada para deslizarse por ellos. El mecanismo estaba bastante oxidado y desgastado pero con algo de esfuerzo lograron acceder a la pequeña apertura.
El interior era angosto y oscuro, había un fuerte olor a estancia cerrada y todas las paredes estaban infestadas de telarañas por lo que dedujeron que aquel pasadizo no había sido utilizado por los asesinos de Lucas y por lo tanto no estaba relacionado con aquel asunto. A pesar de todo decidieron continuar adelante para descubrir qué ocultaba aquel pasadizo.
Llegaron hasta una escalera de caracol que descendía varios pisos, encontraron un par de habitaciones con mobiliario y varios objetos antiguos como armas oxidadas o viejas herramientas, pero nada que pareciese valioso. Continuaron descendiendo hasta llegar a una sala circular más amplia que el resto, aquí encontraron más cachivaches inútiles, una imponente armadura de metal completa que se había conservado bastante bien y un libro que se había conservado en perfecto estado gracias al cofre que lo contenía. El libro estaba escrito en un idioma que Brad identificó como clásico antiguo y que por desgracia desconocía pero hojeando el libro supo que se trataba de un libro de familia de la nobleza. Decidieron que podría ser útil así que lo guardaron. Ángela decidió llevarse la armadura, que aunque era bastante pesada y estaba algo sucia con un poco de empeño podría quedar como nueva.
Continuaron descendiendo hasta una puerta de metal que pudieron abrir gracias a un juego de llaves que habían encontrado en una de las habitaciones. Al otro lado se acababa el suelo de ladrillos de piedra y se extendía una cueva natural, debía tratarse de una salida secreta para escapar de la fortaleza en caso de asedio. Se adentraron unos pasos en la caverna hasta que la luz de las antorchas reveló varias formas ovaladas apiñadas contra las paredes. Al examinarlas de cerca vieron que eran huevos de animal. Tenían más de un palmo de alto y eran de color negro con irregulares franjas de un rojo llamativo. Samuel los identificó al instante, eran huevos de basilisco.
Los basiliscos eran unas criaturas de aspecto reptiliano conocidas por poseer el veneno más potente y letal existente. Y como indicó Samuel si había huevos la madre no debía estar lejos. Los basiliscos son extremadamente territoriales y protectores así que decidieron dar media vuelta y volver por donde habían venido dejando a la familia de basiliscos en paz. Algunos de ellos lamentaron no haberse hecho con algún huevo, eran muy valiosos y codiciados por alquimistas y doctores y tenían numerosas aplicaciones.
Abandonaron la fortaleza de Uterhawl y volvieron a la ciudad de Cordala. Una vez allí se pusieron a trabajar en un plan para acceder al distrito noble. La seguridad del distrito era mucho más elevada que la de los distritos anteriores y era necesario poseer un salvoconducto para poder atravesar las puertas.
De esto se encargó Brad que gracias a sus conocimientos sobre comercio y burocracia sabía que pagando un impuesto podía conseguir un salvoconducto temporal en la oficina de comercio. Para ello falsificó los documentos necesarios para dotar de una nueva identidad a todo el grupo.
Mientras tanto el resto dedicó sus esfuerzos a descubrir más cosas sobre la organización. Ellos sabían que se trataba de una organización grande con muchos miembros asignados a grupos de trabajo diferentes y era muy probable que alguien más aparte de ellos se hubiese dado cuenta de que algo extraño estaba sucediendo. Por desgracia la organización había puesto mucho esfuerzo en que la localización e identidades de todos estos miembros continuase siendo secreta y solo conocían la ubicación de uno de los pisos francos (además del propio), así que se dirigieron allí.
Al principio creyeron que estaba vacío pero tras esperar un rato en la puerta esta se abrió.
Les atendió un miembro bastante reciente al que habían asignado el nombre en clave “Canguro”. Lo habían visto un par de veces por la Copa de Plata pero no sabían mucho sobre él aparte de que se trataba de la incorporación más reciente a la organización (que ellos supiesen).
Canguro no tenía muy buen aspecto, su rostro reflejaba preocupación y falta de sueño y a Samuel no le costó demasiado persuadirle para que les contase que había sucedido.
Les explicó que hacía aproximadamente una semana que él y su equipo habían recibido un mensaje de Lucas con los detalles de una nueva misión, un trabajo rutinario en un poblado no muy lejos de allí. El se encontraba en aquel momento enfermo a causa de una cena en mal estado así que acordaron que se quedaría en el piso pero no informaron a Lucas de ello puesto que no se encontraba en la ciudad y no sabían cómo contactar con él. A día de hoy sus compañeros no habían vuelto de aquella misión que se suponía era un trabajo sencillo y sin riesgos y el estaba preocupado.
Decidieron confiar en él así que le contaron lo que habían descubierto y dedujeron que aquellos que habían matado a Lucas debían estar también detrás de la desaparición de sus compañeros. Le aconsejaron que se mantuviese oculto y que tratase de no llamar la atención y se despidieron hasta tener nuevas noticias.
Al día siguiente gracias a los documentos falsificados por Brad consiguieron un salvoconducto para el distrito noble válido para un día. Oserrim decidió quedarse en el piso por si alguien trataba de contactar con ellos.
La seguridad de aquel distrito era tan elevada como se habían esperado y fueron registrados meticulosamente a la entrada. Por suerte Brad llevaba puestos unos zapatos con fondo falso que había conseguido de su tío zapatero donde había guardado las siempre útiles ganzúas de Elisa.
Se desplazaron a través de las calles del distrito noble tratando de localizar la dirección que habían encontrado grabada en la espalda de Héctor. Durante su visita al distrito pudieron apreciar que a diferencia del distrito gremial la seguridad no estaba basada en patrullas móviles de guardias si no en numerosos puestos elevados de vigilancia en los puntos clave de la ciudad, lo cual les sometía a una vigilancia constante.
Finalmente encontraron el lugar. En un estrecho callejón oscuro convenientemente oculto de la vigilancia de los guardias encontraron una sólida puerta de metal con un grabado que Brad reconoció como el sello del gremio del alcantarillado (los encargados el mantenimiento de todo el sistema de desagües subterráneos de la ciudad). Llamaron a la puerta un par de veces pero al parecer no había nadie dentro. La cerradura era bastante compleja pero no era nada que Elisa no pudiese manejar. Samuel se colocó en la entrada del callejón y se puso a tocar su laúd de forma que podía avisarles dejando de tocar si alguien se acercaba. Tras unos minutos de trabajo con sus ganzuas Elisa forzó la cerradura y se colaron dentro. El interior era similar a un cobertizo de herramientas aunque lo más llamativo era una compuerta de metal que al abrirla desveló una bajada al sistema de alcantarillado. Ángela y Elisa se armaron con un par de herramientas oxidadas que encontraron y descendieron por la escalera de mano, encendieron una antorcha y se dispusieron a hacer un reconocimiento de aquel lugar.
El sistema de alcantarillado resultó ser un autentico laberinto sin ningún tipo distribución lógica aparente. Los pasillos se ramificaban constantemente y resultaba extremadamente fácil desorientarse (el olor de las aguas fecales no ayudaba precisamente). Se dieron por vencidas y decidieron volver sobre sus pasos antes de perderse del todo en aquel lugar y tras informar al resto decidieron volver al piso para elaborar un nuevo plan. Necesitaban una manera de orientarse por las alcantarillas pero no había planos a disposición pública y todo lo referente a aquellos túneles era celosamente preservado en secreto por el gremio del alcantarillado.




