27 jul 2011

3.2 – Corrupción en Barboca.

Con Satori en el papel de Máximo Delawer
Con Kino en el papel de Ulric Delawer
Con Laja en el papel de Zacarías Delawer
Con Gloria en el papel de Milla Delawer

Escrito por Gloria Cubillas


Ya habían pasado cinco años desde el trágico incidente de Cotar y los hermanos Delawer habían conseguido rehacer sus vidas. Tuvieron suerte de contar aun con un lejano pariente, Dergo Buenpastor, en el valle de Abarrizo, que dirigía una pequeña granja en Narrojo, y aunque no le interesaba lo más mínimo la vida de los hermanos, consiguió mano de obra barata para su granja.

Con los años, cada hermano siguió su camino. El mayor, Máximo, considerando que todo lo ocurrido en Cotar había sido un milagro se volvió religioso. El “pequeño” Zacarías, con su afán por la granja comenzó a dirigirla cuando su tío ya fue demasiado mayor para llevar a cabo sus labores. El pequeño bebe ya no lo era, había crecido y se había convertido en una preciosa niña de nombre Carla. Confiaban en que nunca supiera toda la verdad de lo ocurrido el día que la encontraron. Ulric, para evitar nuevos sucesos parecidos se unió a la milicia de la ciudad para así estar preparado si su familia volvía a estar en apuros. Milla, gracias a que era una de las pocas de la ciudad que sabía leer y escribir consiguió un puesto junto al alcalde, llegando a ser finalmente su secretaria y persona de confianza del alcalde.

Aunque la vida en la granja había sido sencilla y plena, los últimos meses todo estaba cambiando. En la capital del valle, Barboca, se habían instalado el general Retius y sus tropas, recién llegados de la guerra. Todo normal si no fuera porque el diezmo se había duplicado. Los pueblos debían entregar más de lo que poseían, el invierno se acercaba y las provisiones escaseaban. Había que buscar una solución.

El alcalde, agobiado por la situación decidió tomar medidas desesperadas, suplicar clemencia, aunque no tenía esperanzas en que se la concedieran. Hizo llamar a Milla, su secretaria y le explico la situación. Decidió mandarla a ella a hablar con el general, con la esperanza de que sus dotes como dialogadora consiguieran convencer al general. Mandarían el ultimo carro como diezmo, con la mitad de lo estipulado, ya que no quedaba más en todo el pueblo, y saldría de su granja. Antes de que Milla se marchara a prepararlo todo el alcalde le dijo que hablara con su hermano Ulric, que necesitaba que sus últimas provisiones llegaran seguras, y al ir ella, tanto su hermano como ella irían más cómodos en el viaje. Milla hablo con su hermano y este estuvo de acuerdo, marchándose de inmediato a prepararlo todo para el viaje.

Mientras Ulric preparaba todo recibió una grata visita, su hermano Máximo necesitaba pedirle algo, al parecer el sacerdote del pueblo, lo enviaba a él, al sacristán, a la ciudad a entregar una carta, la cual debía darle en mano al sacerdote de Arcoden en Barboca, al parece, el padre estaba ya demasiado mayor como para hacer él mismo el viaje. Como Máximo no se fiaba del camino, había ido a pedirle a su hermano una armadura y armas para ir protegido. Fue todo una sorpresa para él el saber que no iría solo, sus hermano también se dirigían a la ciudad, harían el camino juntos.

El día previsto iniciaron el viaje, y este se realizo sin ningún percance, solo se cruzaron con una caravana bien cargada y protegida que se dirigía hacia el interior del reino, pero no pudieron averiguar nada más. Continuando por el camino encontraron una bolsa de monedas, que decidieron guardar por si pertenecía a alguno de los jinetes que iban escoltando la carava, esperando volver a cruzarse de nuevo con ellos a la vuelta.

Llegaron a Barboca cuando ya estaba anocheciendo, por lo que tras acceder a la ciudad buscaron un lugar donde mantener a salvo el carro durante la noche, y después, un lugar donde poder dormir tranquilos.

Encontraron una taberna a un precio muy razonable y decidieron hospedarse ahí. Mientras cenaban una sopa muy aguada, un extraño encapuchado entro en la taberna y se dirigió al tabernero. Tras una pequeña charla y varias miradas hacia su mesa, el encapuchado se marchó. Como les daba muy mala pinta, intentaron interceptarlo y sacarle algo de información, ya que no era muy normal que los mirara tanto sin conocerlos de nada. El hombre se mostro reacio a decir nada y finalmente lo dejaron marchar. No contentos con esto hablaron con el tabernero. Este les dijo que solo preguntaba por extranjeros. Ese dato no tranquilizo mucho a los hermanos, por lo que decidieron ir comprobar si su carro estaba bien. En el almacén no había entrado nadie, pero eso seguía sin gustarles, y mucho menos a Máximo, que no se sentía cómodo llevando la carta encima, por lo que decidieron ir de inmediato a la iglesia y entregarla para quitarse ese peso de encima.

Mientras caminaban tranquilamente por la ciudad un guardia les paro, cosa que les extraño muchísimo. Sin darle más explicaciones les dijo que debían acompañarlo al cuartel, que debían aclarar un problema con ellos, que coincidían con la descripción de tres sospechosos. No pudieron resistirse y lo acompañaron, aunque no de muy buena gana.

Una vez en el cuartel les comunicaron los cargos. Al parecer eran sospechosos de asesinar a tres granjeros en el camino que lleva a la ciudad y suplantar su identidad, y por lo tanto, hasta que nadie confirmara que eran quienes decían ser no podían dejarlos marchar. Los hermanos, convencidos de que todo era un error decidieron confiar en la guardia y les comunicaron que podían avisar al alcalde le Narroja, que él les daría toda la información. Pero eso no les libró de pasar la noche en una celda.

Tras esperar toda la noche se dieron cuenta de que algo no iba bien, según sus cálculos ya debería estar anocheciendo, llevaban ahí un día y nadie les había dicho aun nada. Solo les habían llevado un plato de comida, algo que no les daba muchas esperanzas de salir de ahí en breve. Finalmente pasaron ahí dos días más.

Cuando ya lo daban todo por perdido alguien les dio esperanzas de poder salir de allí. Al parecer, uno de los guardias se sentía culpable por lo que estaba pasando y les dio algo de información. La guardia estaba corrupta. Se dedican a encarcelar a extranjeros para poder quedarse con sus pertenencias, ya que nadie en la ciudad los echaba de menos. Al final, si no morían en la cárcel los abandonaban a su suerte en los caminos que llevaban a la ciudad, donde solían morir. El misterioso guardia estaba harto de todo eso y estaba dispuesto a ayudarlos a salir de allí si iban contarle todo al regulador que actualmente estaba visitando la ciudad, el único que podía poner orden en todo ese asunto. Aunque no muy convencidos aceptaron la ayuda del guardia. A la noche siguiente les abriría la puerta para que pudieran escapar por un viejo pasadizo subterráneo que recorría las entrañas de la ciudad al cual se accedía desde el mismo piso en el que estaban encerrados a través de una entrada oculta en la pared.

El guardia cumplió con su palabra y los dejó libres y tras seguir sus indicaciones localizaron la entrada secreta y se adentraron en los pasadizos inferiores donde encontraron una caja con todas sus pertenencias, salvo el dinero y demás objetos de valor, y unas capas y antorchas, cortesía del guardia. En una nota adjunta encontraron las instrucciones que debían seguir y un mapa. Tras tomarse unos minutos para conseguir orientarse en aquel subterráneo se dirigieron en la dirección que el mapa indicaba, el pasadizo tenía varias ramificaciones que decidieron ignorar y en general no estaba en muy buen estado. Consiguieron llegar al lugar donde debían encontrarse con el guardia para que les contara toda la historia desde el principio y porque él estaba cooperando, pero solo encontraron una nota de disculpa, al parecer el guardia había tenido que marcharse porque se habían demorado demasiado, al menos en la nota estaba toda la información para localizar al regulador. Como ya no podían hacer nada mas ahí abajo salieron al exterior a través de unas catacumbas abandonadas. Por suerte para Máximo, la salida daba al cementerio, el cual se encontraba junto a la iglesia. Máximo les dijo que antes de continuar quería entregar la nota, así que entraron en la iglesia, el único lugar donde podrían estar a salvo por el momento. Por precaución se quitaron las capas, no reconocían el emblema que había en ellas, y no querían arriesgarse más.

Al parecer la nota era una carta de recomendación para que Máximo fuera el nuevo párroco del pueblo, pero eso no podría suceder de inmediato, debían arreglar muchas cosas antes. Como seguían con la mosca detrás de la oreja, le preguntaron al sacerdote de Arcoden por la insignia de las capas, ya que parecía ser un hombre de confianza. Este les dijo que era el emblema del imperio, y que cualquiera que llevase ese símbolo sería considerado un espía o un traidor. Asustados por los nuevos problemas que se les venían encima hicieron lo posible para deshacerse de las capas, algo que no resulto fácil debido a las sospechas que el padre comenzaba a tener sobre ellos.

Mientras estaban fuera contemplaron todas sus posibilidades, o se arriesgaban a hablar con el regulador, a pesar de que todo parecía ser una trampa, o confiaban en el padre y le contaban toda la verdad, con los riesgos que eso suponía. Al no ponerse de acuerdo se dividieron, Máximo entró de nuevo a la iglesia, dispuesto a contárselo todo al padre, mientras que sus hermanos fueron en busca del regulador.

El padre no se tomó muy bien la confesión de Máximo, y le insistió reiteradamente en que se entregaran, que sería lo mejor y si todo era verdad Arcoden, el dios de los justos, les ayudaría. A Máximo no le pareció muy buena idea, sabía que la guardia estaba corrupta y ni Arcoden ni ningún dios podría ayudarlos si volvían a atraparlos, por lo que convenció al padre para que no les delatara.

Milla y Ulric fueron a la posada que les indico el guardia, supuestamente ahí deberían encontrar al regulador. Iban con la alerta activada ya que podría estar escoltado y que todo fuera una trampa. A primera vista todo parecía tranquilo. El posadero les confirmo que la persona a la que buscaban se encontraba ahí, pero que quería a cambio algo de dinero si querían saber más. Como no tenían nada, Milla consiguió sonsacarle algo de información, de una manera que no le gusto nada (tuvo que “restregarse” un poco con él) pero al menos consiguió saber donde estaba.

Como todo parecía tranquilo, en vez de darle una nota para que se encontrara con ellos en un lugar seguro, decidieron ir directamente a hablar con él en persona. En la puerta del regulador había dos escoltas personales, los cuales accedieron a que Milla pasara a hablar con el regulador si antes se desarmaba. Como ella no era una mujer de armas le dio a su hermano su única daga y paso.

Mientras Milla le contaba toda la historia al regulador, fuera, en el pasillo, su hermano Ulric y los escoltas del regulador fueron atacados por los guardias de la ciudad que gritaban cosas como “acabad con los traidores al reino” o “están colaborando con espías del imperio”. El regulador se unió al combate y junto a sus hombres y Ulric plantaron cara a los guardias. Fue un combate cruento pero todos los guardias murieron, eso sí llevándose a uno de los hombres del regulador con ellos.

Tras el combate el regulador llego a una conclusión. Estaban intentando matarle y ellos habían sido elegidos para ser inculpados en una trama de traición. A partir de ese momento debían actuar juntos si quería que todo este asunto acabara “bien”.

3.1 - Pérdida.

Con Satori en el papel de Máximo Delawer
Con Kino en el papel de Ulric Delawer
Con Laja en el papel de Zacarías Delawer
Con Gloria en el papel de Milla Delawer

Escrito por Por Joaquin Vidal (Kino)


Amanece en la granja de los Delawer, una familia de granjeros residentes en Cotar, una pequeña isla del mar de Fibrien a varias millas de la costa de Cordalena. Al contrario que los granjeros del continente, disfrutan de una vida relativamente acomodada. Viven en una granja enorme a unas pocas horas en carro de la única ciudad de la isla, Cariza. En ella convive toda la familia: el matrimonio y sus 6 hijos, la esposa del mayor, así como los tres abuelos que quedan con vida, y un sobrino del matrimonio que quedó huérfano.

Matt es el hermano mayor, es ya un adulto que vive con su esposa en la granja junto al resto de la familia y se encarga de muchos de los asuntos de la granja junto a su padre.

Máximo es el siguiente en edad, un muchacho responsable que se esfuerza en evitar que sus hermanos pequeños no hagan demasiadas trastadas en la granja.

Milla es la hermana melliza de Máximo, es la única chica de los seis hermanos y también la más cultivada, desde pequeñita se interesó por los libros y su contenido y es la única que sabe leer y escribir.

Ulric es el siguiente en edad, se trata de un muchacho lleno de energía, revoltoso y travieso que a pesar de algunas travesuras a sus hermanos haría cualquier cosa por ellos puesto que les tiene mucho aprecio.

Zacarías es el siguiente en edad, es más pequeño y rechoncho que sus hermanos mayores y suele ser motivo de burla entre ellos por lo que siempre busca refugio en las faldas de su madre.

Tomás es el hermano menor, un pequeño muchacho que todavía está aprendiendo a hablar.

Como todas las mañanas, Ulric, el tercero, se levantó el primero y bajó corriendo a desayunar tras despertar con insistencia a sus hermanos. Abajo, la madre de los chicos preparaba un abundante desayuno a base de huevos y carne, preocupada ante el retraso de su marido y su hijo mayor, Matt, que tendrían que haber vuelto de vender huevos y leche a la ciudad. Tras un día tranquilo, la familia se reúne para cenar, y al llegar los chicos ven que su padre y su hermano no han vuelto aún. Su madre discute con los abuelos si deberían ir a buscarlos. Máximo, el segundo hermano, interrumpe a su madre, convencido de que él puede encargarse de ir en su búsqueda. Tras discutir el asunto y terminar la cena, la madre los manda a la cama, sin haber decidido aún qué hacer.

Al día siguiente, cuando los chicos bajan a la cocina se encuentran con que su madre ha decidido que Máximo puede ir a buscar a su padre y a su hermano. Otros tres hijos suyos, Milla, Ulric y el rechoncho Zacarías, deciden acompañar a su hermano a Cariza. Enseguida parten en un carromato hacia la ciudad. Durante la travesía, pasan cerca de un bosque al pie de una enorme loma cuyo linde se extiende paralelo al camino. Más adelante, encuentran unas ropas ensangrentadas en la carretera, y lo achacan a una silueta que vieron al pasar cerca del bosque. Temiendo el asalto de bandidos, aceleran el paso.

Finalmente, divisan la ciudad en el horizonte, y según se van acercando, se dan cuenta de que algo ocurre, puesto que al contrario que otras veces que Milla y Máximo han ido a la ciudad, no hay un alma en la calle. Deciden ir directos a casa de sus tíos, una pareja residente en la ciudad, donde suelen pasar la noche cuando van a vender sus productos. Según se acercan, observan que además de que la ciudad está desierta algunas ventanas están rotas, hay puertas entreabiertas y mercancías abandonadas en plena calle. Al llegar a la casa de sus tíos se encuentran la puerta entreabierta y deciden entrar, entonces un ruido a sus espaldas los sobresalta, y al darse la vuelta ven que un hombre armado con una azada los mira fijamente mientras una siniestra sonrisa asoma por la comisura de sus labios. De repente, echa a correr hacia ellos blandiendo la azada, pero el hombre es lento y les da tiempo a entrar en la casa y atrancar la puerta. Mientras el hombre golpea la puerta y los insta a salir mientras ríe a carcajadas.

Mientras Ulric y Zacarías inspeccionan la planta baja, consistente en un salón grande y una cocina, buscando velas, Máximo y Milla suben las escaleras al segundo piso buscando signos de vida. En la cocina todo está desordenado, y todo el suelo está cubierto de cajones fuera de su sitio y utensilios de cocina. Deciden coger algunos cuchillos para defenderse, y en uno de los cajones encuentran unas velas y unos fósforos. De repente, oyen a Milla gritar y vuelven al salón. Al ver que no están ahí, Ulric sube corriendo las escaleras, pero se queda paralizado al llegar arriba: un cadáver yace en el pasillo del piso superior, cubierto de sangre y cortes, y sin cabeza. De repente, Máximo y Milla salen de una de las habitaciones, llorando.

-No entres.- Máximo hace un gesto con la mano a Ulric.

- ¿Qué ha pasado? - Responde.

Mientras, Zacarías ha subido también, y mira petrificado el cadáver.

- Nuestro padre ha muerto, y Matt también. - Dice Milla, sollozando.

Los chicos, terriblemente afectados, tardan un poco en darse cuenta que el hombre de la azada continúa dando golpes a la puerta, y llamándolos.

- Ha sido él, seguro. - Concluye Máximo.

Ulric, sin mediar palabra, baja corriendo por las escaleras.

Máximo y Milla tardan en asimilar lo que han visto: al entrar a la habitación, la horrible visión de tres cabezas sangrantes, con rostros torcidos por el horror, colocadas en hilera encima de un viejo escritorio. Su padre, su hermano mayor y su tía han sido asesinados, y sus cabezas separadas de sus cuerpos. Se dan cuenta que el cadáver sin cabeza es de su tía, y deciden terminar de examinar las habitaciones, en busca de su tío. Tras comprobar una habitación vacía, entran a la última, horrorizándose una vez más al encontrar los dos cadáveres sin cabeza restantes colocados encima de la cama de forma obscena, aberrante, uno sobre otro. Al no encontrar rastro de su tío, deciden que tienen que salir de allí cuanto antes, y salen de la habitación. En ese momento, oyen un grito.

- ¡Le he dado! ¡Creo que lo he matado! - La voz de Ulric suena estridente, y excitada.

Milla decide atrancarse en la habitación hasta que pase el peligro, cogiendo a Zacarías e instándole para que se quede con ella. Máximo sale de la habitación, mientras Milla cierra la puerta a sus espaldas, y baja las escaleras. Al bajar, Ulric le cuenta cómo ha apuñalado en la cara al hombre de la azada, tras atraerlo hacia la ventana rota. Los chicos deciden que tienen que encontrar la forma de escapar, así que buscan una vía de escape, pero las únicas ventanas de la planta baja son demasiado pequeñas y dan a la calle donde les espera el siniestro personaje. Finalmente, deciden enfrentarse a él.

Máximo y Ulric bajan a la planta baja mientras Milla protege a Zacarías en la planta superior, y mientras Máximo abre la puerta, Ulric, escondido en un lateral, asalta al enorme hombre cuando éste pasa por su lado, directo hacia Máximo, el ataque lo pilla por sorpresa cortándole la yugular y haciendo que caiga al suelo, convulsionando mientras sus ojos se apagan. Sin perder el tiempo, se asoman fuera, y al ver a lo lejos una turba de gente apaleando brutalmente a alguien, deciden echar a correr en dirección contraria, para salvar sus vidas.

A la primera oportunidad salen de la calle principal para internarse en los callejones, buscando salir de la ciudad lo antes posible y volver a su granja. De repente, se oye el llanto de un bebé, y aunque Milla y Zacarías instan a sus hermanos a salir corriendo, Ulric y Máximo deciden salvarlo de una muerte segura. Localizan al bebe en algún lugar de la planta alta de una casa cercana. Ulric trepa por la fachada con ayuda de Máximo hasta el primer piso. Por suerte, la ventana estaba abierta, así que salta dentro de la habitación, en la que encuentra al bebé en una cuna. Justo cuando va a cogerlo, unos golpes en la puerta de la habitación lo sobresaltan, y temiendo que la historia se repita, coge al bebé rápidamente y sin pensarlo, salta por la ventana. Afortunadamente, Máximo sigue debajo y agarra como puede a ambos, salvándolos de una caída muy dolorosa. Continúan corriendo y de repente se dan cuenta que un hombre enorme los persigue. Continúan corriendo y serpenteando por los callejones hasta que llegan a la entrada de la ciudad, y tras varios cientos de metros más corriendo a campo abierto, pierden de vista a su perseguidor.

Cuando de nuevo divisan el linde del bosque que rodea la enorme loma, deciden desviarse y viajar por él para evitar ser vistos por el camino. De repente, oyen unos ruidos, y se esconden corriendo. Un grupo de hombres con los ropajes ensangrentados caminan cerca del linde del bosque, en dirección contraria a ellos. Portan armas llenas de sangre, y a algunos hasta les faltan extremidades. Los chicos se temen lo peor, y continúan su camino.

Al llegar a la casa, el paisaje es desolador. Todos los animales que están fuera de sus edificios se encuentran muertos, salvo alguna gallina suelta que picotea por aquí y por allá, ajena al desastre. Cuando se acercan a la entrada de la granja, observan aterrados cómo una figura humana cuelga del enorme cartel que indica el nombre de la granja. Su abuelo, sin ir más lejos, es quien está clavado de forma brutal en la madera, aún goteando sangre.

Los chicos pierden toda esperanza, pero deciden buscar algún superviviente antes de dar a su familia por perdida. Van directos al edificio principal y observan que todo está patas arriba, igual que en las casas de Cariza. Dejan al bebé que recogieron en la ciudad encima de una silla para investigar, y al subir al dormitorio, sorprenden a un hombre de espaldas, aserrando algo con ímpetu. Descubren qué es cuando ven la cabeza de su hermano, junto a otros miembros, colocados cerca de donde se encuentra el hombre del serrucho. Llenos de rabia y dolor, los tres mayores se lanzan hacia el hombre cuchillos en mano mientras Zacarías aún no ha terminado de subir la escalera. El hombre muere al instante bajo la lluvia de cuchilladas que le asestan. Salen de la habitación, y evitan que su hermano pequeño contemple tal carnicería. Al salir al exterior oyen un grito proveniente del establo. Al entrar, comprueban estupefactos a su tío, el que residía en la ciudad y no encontraron, con la ropa ensangrentada y un enorme cuchillo de carnicero en la mano. Al verlos, sonríe, se da la vuelta y se encamina hacia un cuarto que hay al final del establo.

Venid, quiero enseñaros algo…

Ulric, dándose cuenta de que su tío también está afectado por lo que sea que afectó al resto de habitantes de la ciudad, intenta acabar con todo rápidamente, y lanza un cuchillo a su tío. El cuchillo se le clava profundamente en la espalda y el hombre se vuelve, fuera de sí, cargando con rabia contra sus sobrinos. Tras un encarnizado combate en un arranque de furia Zacarías ensarta a su tío con una horca dándole una muerte rápida.

Tras abatir a su tío y entran al cuarto del fondo del establo. Horrorizados, contemplan los cuerpos de su madre y sus dos abuelas colgadas de ganchos, como si fueran piezas de carne, completamente desfiguradas y descuartizadas. Su madre, aún viva, les dice a sus hijos que huyan lejos antes de exhalar su último aliento. Los chicos, comprendiendo que en la granja no están a salvo, deciden abandonar la isla. Tras recoger todo lo que creen necesario y abrigar al bebé, echan a andar bordeando la costa, en dirección al puerto. Al día siguiente, fatigados y con el ánimo por los suelos, llegan al único puerto de la ciudad, donde aún se libra una batalla entre los que quieren huir de la isla, y los enajenados mentales que matan a todo el que se les pone por delante. Los chicos consiguen llegar a escondidas hasta un pequeño bote de remos, y no dudan en cogerlo y zarpar al mar abierto.

Al día siguiente, exhaustos de tanto correr, huir y remar, y preocupados por el sol y la deshidratación, cuando pensaban que todo estaba perdido, un barco pesquero los recoge. El barco va dirección al reino de Cordalena, donde los chicos esperan encontrar un futuro que les haga olvidar la pesadilla que han vivido los últimos días.

26 jul 2011

2.10 – La caída de la corona.

Con Satori en el papel de Samuel
Con Patri en el papel de Elisa
Con Darkkz en el papel de Oserrim
Con Yisus en el papel de Brad Mizo
Con Gloria en el papel de Ángela Mizo

Era la tercera vez que descendían a aquel lugar y no por ello les resultaba más acogedor. Para su desgracia los cinco compañeros se encontraban de nuevo en las alcantarillas de la ciudad. Dante les había pedido que volviesen para investigar aquello que se ocultaba tras la puerta donde escucharon el sonido de bombeo y ellos aceptaron. Debían darse prisa puesto que la organización ya estaba al corriente de sus últimos “logros” y era muy probable que planeasen desmantelar aquel lugar y deshacerse de las pruebas, pruebas que ellos necesitaban. Dante tenía además la esperanza de que allí encontrasen un artefacto alrededor del cual parecía girar gran parte de la investigación, el artefacto tenía el nombre en clave “Artefacto C” y en los documentos se le describía como el punto de partida de la investigación y una extensa fuente de información; tenían que conseguirlo como fuera.Esta vez no se andarían con rodeos ni recurrirían al subterfugio, ya habían decidido plantar cara a cualquier enemigo que se interpusiese entre ellos y aquella puerta, y recorrían los pasillos con sus armas listas para entablar combate. Avanzaban con paso decidido puesto que tras su última visita aquel recorrido ya les era familiar.

Dante había estudiado los documentos que habían conseguido de aquel laboratorio clandestino durante varios días sin descanso y lo que había descubierto era desconcertante. La organización había estado realizando experimentos y rituales estrechamente relacionados con la magia negra (las victimas torturadas hasta la muerte eran una prueba bastante tangible de la realización de estos experimentos). Dante ignoraba que pretendían conseguir exactamente con aquello puesto que la mayoría de los documentos hacían referencia a palabras clave de las cuales desconocía el significado pero tenía bastante claro que trataban de fabricar “algo” y que hasta ahora no habían tenido éxito. Dante tenía la esperanza de que lo que hubiese tras aquella puerta arrojase un poco de luz sobre aquel asunto. Mientras tanto él continuaría estudiando los documentos tratando de descifrar la abundante información.

Los cinco no tardaron en encontrarse a los mercenarios de la organización, había más movimiento ahí abajo que las veces anteriores. Los mercenarios estaban cargando cajas sobre carretas para, probablemente, sacarlas de allí. Tras ponerse de acuerdo decidieron atacar antes de ser descubiertos y con un par de flechas Elisa y Samuel derribaron a los dos más expuestos. Los demás huyeron en la dirección a la que ellos debían ir así que les siguieron.

Por alguna razón los mercenarios se habían atrincherado en una estancia y parecían bastante asustados, era muy probable que pensasen que les superaban en número así que aprovecharon esto para seguir avanzando y llegar hasta la puerta que buscaban que esta vez estaba abierta. Cerraron la puerta tras de sí que por suerte tenía un pestillo interior y así pudieron investigar aquel lugar con mayor detenimiento.

Era una estancia bastante amplia con varias salidas, había algunas mesas con herramientas y por todas partes había cajas de madera y piezas de metal a medio empaquetar. Por lo visto tenían razón y ya habían empezado a desmantelar aquel lugar.

En uno de los extremos de la estancia había un foso lleno de agua bastante profundo y curiosamente el agua estaba limpia. Sobre el agua había dos grúas de metal, una de ellas estaba a medio desmontar y de la otra colgaban unas cadenas tensas que se sumergían en el agua hasta que se perdían de vista en la profundidad. Samuel se sumergió en las aguas para ver que había al final de las cadenas y se encontró con algún tipo de coraza de metal hueca de aspecto humanoide, así que utilizaron la grúa para sacarla a la superficie y poder examinarla mejor. Efectivamente era alguna clase de armadura diseñada para contener a un ser humano en su interior y que estaba completamente aislada del exterior. Desconocían para que usaban aquel armatoste pero era demasiado pesado para cargar con él y no tenían intención de que se lo llevasen de allí así que rompieron las cadenas y lo dejaron hundirse en el fondo del foso.

Aún quedaba lo mejor por descubrir. Tras una solida puerta cerrada con candado desde fuera (un candado que no pude resistirse a las ganzúas de Elisa) encontraron a dos viejos conocidos; se trataba de los Ormanos que habían escoltado hasta la ciudad meses atrás, ahora tenían mucho peor aspecto, era evidente que estaban allí prisioneros y por la cantidad de herramientas, planos y bocetos de ingeniería que había por toda la estancia parecían que los habían tenido bastante ocupados. Los Ormanos tardaron un rato en entender que estaban allí para rescatarles, solo uno de ellos hablaba la lengua común y no lo hacía particularmente bien. Una vez comprendieron lo que estaba sucediendo los cogieron los documentos esparcidos por la habitación y las herramientas que podían cargar y todos juntos abandonaron aquel lugar sin demora puesto que los mercenarios de la organización no tardarían en encontrar una forma de llegar a ellos.

Abandonar las alcantarillas fue mucho más sencillo. Decidieron probar con una ruta alternativa y por suerte no tuvieron ningún encuentro desafortunado en el camino ya que los Ormanos no eran particularmente sigilosos.

Una vez en la superficie llevaron a los Ormanos y los documentos al taller de Dante. Dnate conocía bien la lengua Ormana y tras interrogar a los Ormanos y analizar los nuevos documentos comenzó fraguar un nuevo plan en el que como no podía ser de otra forma ellos cinco jugarían un papel crucial.

Ya tenían pruebas de sobra para enfrentarse a la organización y disolverla pero todavía existía el riesgo de que sus líderes saliesen impunes de todo, necesitaban pruebas que los implicasen personalmente y para ello nada mejor que investigar en sus hogares donde según Dante pasaban la mayor parte de su tiempo. Oliver había amasado una buena fortuna como director de la banca de la ciudad (y probablemente también gracias a las ganancias obtenidas por la organización) y se alojaba en una ostentosa mansión en la zona más elevada del distrito noble. Oporinus (el antiguo general retirado) tampoco se había quedado atrás y se había establecido en una pequeña mansión-fortaleza del mismo distrito protegido tras sus murallas y sus bien entrenados guardias personales.

Cuando Dante abandonó la organización años atrás Oliver no le siguió por puro temor a ser asesinado si abandonaba y hasta donde Dante sabía Oporinus se había proclamado el líder supremo de la organización mientras que Oliver se encargaba de la parte administrativa (y probablemente de desviar el capital gracias a sus privilegios como director de la banca). Esto les llevó a decidir visitar en primer lugar a Oliver para tratar de convencerle de unirse a la causa contra Oporinus.

El plan era bastante sencillo. Brad recurrió a su habilidad para el disfraz y la falsificación de documentos y adoptó la identidad de un funcionario de la corona. Tomó el libro de familia antiguo que habían encontrado en los subterráneos de la fortaleza Uterhawl y se presentó en la puerta de la mansión de Oliver anunciando que necesitaba reunirse con él para comprobar su posible vinculación con la familia y hacerle entrega de una suculenta fortuna dada en herencia. Oliver picó el anzuelo y los guardias dejaron pasar a Brad a la mansión. Una vez a solas con Oliver en su despacho Brad se arriesgó y sin rodeos le explicó por qué estaba allí, le contó que Dante le enviaba y que con su ayuda podrían acabar con Oporinus y su organización. Oliver realmente temía traicionar a Oporinus y no se mostró muy dispuesto a cooperar pero Brad era un tipo persuasivo y finalmente accedió a reunirse con Dante aquella noche en “el cuarto secreto”, un lugar que según Oliver solo Dante conocería y así se aseguraba de que realmente venía en su nombre, eso sí, debía acudir solo al encuentro.

Tras poner a Dante al corriente este decidió asumir el riesgo y acudir al encuentro con Oliver, les explicó que el punto de encuentro estaba en el interior del teatro de Labinieur (miembro fundador de la organización), por suerte aún conservaba una copia de las llaves de la entrada trasera. Ellos escoltarían a Dante hasta el interior del teatro y una vez allí él se adentraría a solas para encontrarse con Oliver.

Cuando Dante empezó a retrasarse se temieron una traición por parte de Oliver, pero cuando estaban a punto de entrar Dante apareció por la puerta sonriente y con una abultada carpeta de documentos.

Oliver le había entregado los datos financieros de la organización y además testificaría contra Oporinus cuando fuese ajusticiado.

Oliver también habló a Dante de “el artefacto”. Un extraño colgante que Oporinus había conseguido hacía más de medio año y que había despertado un gran interés en él. Desde entonces Oporinus se había vuelto más reservado y había empezado a actuar de forma extraña utilizando la organización para asuntos más turnios de lo acostumbrado, como secuestrar ciudadanos. Dante sospechaba que podía tratarse de aquello que se mencionaba como “Artefacto C” en los documentos encontrados en el laboratorio y empezaba a sospechar lo que podía ser en realidad.

Dante los reunió de nuevo en su taller y les explicó que los necesitaba para una última misión antes de acabar de forma definitiva con Oporinus y su organización corrupta. Debían colarse en el hogar de Oporinus y hacerse con el colgante que Oliver le había descrito, aquella era la prueba definitiva contra él y con ella en su poder la victoria estaba asegurada, si oporinus se veía en peligro probablemente huiría llevándose el colgante consigo. Los cinco accedieron y se pusieron en marcha, no había tiempo que perder.

La vida en el ejército había calado fuerte en Oporinus. Allí en medio del barrio noble, rodeado de mansiones se encontraba su hogar, una pequeña mansión amurallada que parecía más una fortaleza que un hogar, custodiada por varios guardias personales bien entrenados. Por suerte, la propia ostentosidad del distrito y de las mansiones colindantes constituía una brecha en la seguridad de la muralla ya que no era difícil trepar por los arboles y paredes de las mansiones vecinas y superar así la muralla.

Esperaron a la noche y entonces saltaron el muro. Brad hizo gala de su torpeza de nuevo cuando dio un traspié en lo más alto del muro y se ensartó de pecho en uno de los pinchos de metal dispuestos a lo largo del muro. Por suerte Ángela pudo agarrarlo antes de que cayese y la hería resulto no ser de gravedad así que siguieron adelante según lo planeado. Una vez los cinco estuvieron dentro se ayudaron de los sombras para deslizarse hasta la mansión y evitar a los guardias que patrullaban los alrededores.

Todas las ventanas del piso bajo contaban con firmes barrotes pero Elisa no tardó en dar con una nueva brecha en la seguridad de la mansión. En el piso de arriba uno de los balcones estaba abierto probablemente para que la casa se refrescase con la brisa nocturna. Elisa sacó su cuerda con gancho de la mochila y con un lanzamiento certero la aseguró al balcón. Antes de que ningún guardia se diese cuenta los cinco ya habían trepado hasta el balcón y habían recogido la cuerda.

El balcón daba a un dormitorio bastante amplio y ricamente decorado con armas y cuadros que reflejaban escenas de batalla por lo que debía tratarse de la habitación de Oporinus, aquello sí que era suerte. Bajo una de las puertas se filtraba la luz de una vela, Oporinus debía encontrarse al otro lado.

Aprovecharon para registrar toda la habitación en silencio en busca de aquel colgante pero no encontraron nada, Oporinus probablemente llevaba el colgante consigo como se habían temido en un principio y si era necesario se lo arrebatarían por la fuerza. Se trataba de un viejo general retirado a causa de heridas sufridas en la batalla, probablemente no opondría mucha resistencia.

Prepararon las armas y abrieron la puerta de golpe esperando sorprender a quien estuviese al otro lado, pero se encontraron una habitación vacía. Se trataba de una biblioteca privada, en medio había una mesa con una vela encendida y una mecedora vacía, ni rastro de Oporinus.

Decidieron aprovechar para registrar la habitación, Samuel y Brad mostraros especial interés por la gran colección de libros que Oporinus había reunido y fue mirando libros de casualidad como Brad encontró una entrada secreta oculta tras una de las librerías. La abrieron sin mucho esfuerzo y se encontraron con una escalera de mano que descendía, al fondo podían ver algo de luz.

Oserrim, Brad y Samuel descendieron por la escalera mientras que Elisa y Ángela decidieron guardarles las espaldas arriba. Fue un largo descenso y por el olor que les llegó se encontraban al nivel de las cloacas. El estrecho túnel se abría a una habitación subterránea bien amueblada llena de instrumental científico y estanterías cargadas de libros, en un rincón estaba sentado el que debía ser Oporinus que no tardó en percatarse de la presencia de los intrusos, en su cuello había un llamativo colgante esférica que brillaba con una luz azul pálida, debía tratarse del artefacto del que les habló Dante.

Oporinus se incorporó con la ayuda de su bastón y exigió saber quiénes eran y que hacían en su casa, estos se presentaron y exigieron a Oporinus que les diese el colgante y se entregase a la justicia. La respuesta de Oporinus fue apuntarles con su bastón pero Samuel actuó con rapidez y de un flechazo arrebató el bastón de las manos de Oporinus. Samuel podía sentir la fuerte energía espiritual que emanaba de Oporinus por lo que sospechaba que se trataba de un hechicero como el. Al verse desarmado Oporinus decidió colaborar y accedió a entregar el colgante, Samuel se acercó a cogerlo pero no resultó ser más que una treta de Oporinus que trato de impactar a Samuel con la palma de la mano con la intención de desencadenar un hechizo pero los tres compañeros estabas preparados, en primer lugar Brad arrojó con precisión una de sus dagas que impactó en el brazo de Oporinus interrumpiendo su hechizo, después un contundente tajo de la espada de Oserrim hirió gravemente a Oporinus haciéndole retroceder lo suficiente como para que Samuel pudiera encajarle una flecha entre ceja y ceja. Oporinus estaba muerto y habían encontrado lo que habían venido a buscar.

Tomaron el colgante y Samuel revisó los libros de aquel lugar, se trataba de grimorios de magia negra y nigromancia por lo que decidió dejarlos allí.

Una vez arriba volvieron a cerrar la entrada secreta y abandonaron aquel lugar dejándolo todo como lo habían encontrado. Salieron de la mansión de la misma forma que habían entrado y de nuevo Brad estuvo a punto de sufrir un accidente al saltar el muro, por suerte Ángela lo agarró a tiempo.

Cuando llegaron al taller de Dante le contaron todo lo sucedido, le explicaron que Oporinus estaba muerto y le entregaron el extraño colgante ante el cual Dante se mostró muy interesado, Dante les contó que se trataba de un Cronista, una artefacto que alberga en su interior el espíritu de un sabio sacerdote de Jubnauz utilizado para almacenar importante información y poderosos conocimientos arcanos. Oporinus había descubierto algo en la información contenida en el colgante que le había movido a realizar todos aquellos extraños experimentos pero desconocían el qué. Era necesario un Sacerdote de Jubnauzz para poder desentramar por compelto los secretos del Cronista y fue probablemente por eso por lo que Oporinus mandó secuestrar a la sacerdotisa. Por el momento hasta te pudieran extraer la información del Cronista todo aquello seguía siendo un misterio.

En cuanto a la muerte de Oporinus el cadáver estaba bien oculto en aquella habitación subterránea y era poco probable que alguien lo encontrase así que por el momento no debían preocuparse, al día siguiente Dante se encargaría de mover algunos hilos para que pareciese que Oporinus había dejado la ciudad, Oliver disponía de sus datos financieros por lo que no sería difícil inculparlo en un delito de fraude, razón más que suficiente para justificar su huida.

Respecto a la organización “la sombra de la corona”, tras la muerte de Oporinus ahora estaba en manos de Oliver. La idea inicial era disolver la organización pero ahora que todo estaba bajo control también se barajaba la posibilidad de asumir el mando de la organización y devolverla a su rumbo original.

Se trataba de una importante decisión que marcaría el resto de sus vidas y las de muchos otros…

4 jul 2011

2.9 – Sacrificios.

Con Satori en el papel de Samuel
Con Patri en el papel de Elisa
Con Darkkz en el papel de Oserrim
Con Yisus en el papel de Brad Mizo
Con Gloria en el papel de Ángela Mizo


Se encontraban de nuevo ahí abajo, rodeados de aguas fétidas, mugre y ratas. Tenían sus armas a mano y esto les proporcionaba cierta sensación de seguridad pero a pesar de esto decidieron que lo más inteligente sería evitar enfrentamientos innecesarios así que fueron a buscar a Quirrel para que les guiase por una ruta más segura.

Samuel se dirigió a la estancia donde habían encontrado a Quirrel la vez anterior y golpeó una barandilla siguiendo un ritmo que ya había acordado previamente con Quirrel. Este no tardó en aparecer por uno de los túneles y se mostró contento de recibir visita amistosa de nuevo. Samuel llegó a un acuerdo con Quirrel y le regaló su preciado laud a cambio de que les guiase a través de una ruta más seguro hasta uno de los dos puntos del mapa que aparecían remarcados con mayor importancia.

Quirrel aceptó y los condujo por estrechos túneles serpenteantes que evitaban la ruta principal marcada en el mapa la cual sospechaban que debía ser frecuentada por patrullas. Todo marchaba bien hasta que llegaron a un pasillo sin salida en el que la única forma de continuar era sumergirse bajo las aguas fecales para salir por el otro lado. Se negaron no por la dificultad puesto que la distancia a recorrer era corta si no por higiene, y es que Brad sospechaba que si metía un dedo en aquellas aguas no tardaría en enfermar.
Quirrel explicó que la otra opción era continuar por una de las galerías principales donde los pequeños canales de agua convergían en un mismo cauce y seguirla hasta llegar a la bajada. El principal problema era que unas compuertas obstruían el camino, pero Quirrel les explicó que las había visto abrirse aunque desconocía el funcionamiento.
Decidieron probar suerte y se dirigieron hacia la primera de las compuertas que se acercaba bastante a la ruta marcada en el mapa lo cual pudieron confirmar cuando casi tienen un encontronazo con una patrulla a la que evitaron gracias a Quirrel.

Llegaron hasta la compuerta y tras analizarla llegaron a la conclusión de que el sistema de apertura se encontraba al otro lado de la pared. No tardaron en encontrar la manivela que abría la compuerta y descubrieron de paso que en el extremo opuesto había otra y que ambas debían ser giradas a la vez para poder abrir la compuerta. Así lo hicieron y la dejaron abierta puesto que si necesitaban escapar no tendrían tiempo para todo aquello.
Con la segunda compuerta no tuvieron tanta suerte, el mecanismo estaba oxidado e hizo bastante ruido al desplazarse con lo cual atrajeron compañía no deseada. Lograron ocultarse antes de que un grupo de hombres armados se acercase a investigar el origen del sonido. Cuando vieron la compuerta abierta supieron que había intrusos allí abajo (ellos, evidentemente) y fueron a buscar refuerzos para comenzar la búsqueda. Ellos aprovecharos este momento para avanzar y dejar atrás aquel lugar que pronto estaría lleno de hombres armados.

Abandonaron el cauce principal y se internaron de nuevo en los estrechos pasillos en dirección al punto de destacado en el mapa. Llegaron hasta una puerta de metal cerrada y se aproximaron con cautela. Al otro lado podían escuchar un sonido mecánico y continuo, como una especie de bombeo que les resultó bastante desconcertante así que decidieron investigar el otro punto destacado en el mapa y volver allí mas tarde.
El otro punto estaba bastante más alejado y para alcanzarlo tenían primero que llegar a una escalera de mano que les permitiese descender al nivel inferior. A Quirrel no le gustaba la idea de bajar al siguiente nivel en el que según él había menos hombres pero más alimañas. Samuel le recordó su trato y no le quedó más remedio que guiarles para conservar el recién adquirido laúd.

Este nivel inferior era incluso más nauseabundo que el anterior, la basura y la porquería se amontonaba en los rincones y las aguas eran más lentas, turbias y profundas. A su paso montones de ratas salían ahuyentadas de entre la inmundicia.

Después de una hora recorriendo el laberinto de túneles llegaron hasta el punto indicado en el mapa. Una sólida puerta de metal les cerraba el paso pero gracias a una llave que habían encontrado en un cadáver pútrido abandonado en los túneles pudieron abrirla. En el interior se encontraron los restos de lo que parecía algún tipo de laboratorio macabro, había cadáveres encadenados a las paredes que parecían haber sido torturados hasta la muerte, mesas con viales, probetas llenas de sustancias extrañas e instrumental científico. Había algunos libros y papeles esparcidos por el suelo por lo que daba la impresión de que alguien había abandonado aquel lugar con prisa llevándose lo que había podido.
Dante que había reunido bastante información sobre las desapariciones en Cordala se fijó en que aquellos cadáveres concordaban con la descripción de los desaparecidos. Al final los habían encontrado aunque ya era tarde para ellos. Desconocían el porqué de sus muertes pero basnadose en la forma en la que habían sido torturados y en las marcas de sus cuerpos podría tratarse de un sacrificio de algún ritual arcano.
Encontraron también un cadáver en una celda, se trataba de la sacerdotisa de Jubnauz a la que habían escoltado meses atrás hasta la ciudad. Parecía haber muerto de inanición por lo que probablemente la dejaron atrás cuando abandonaron aquel sitio.
Después de registrar concienzudamente el lugar recogieron todos los libros y documentos que encontraron para poder estudiarlos con detenimiento en busca de pistas y se pusieron en camino de vuelta a la superficie. Con suerte en alguno de aquellos documentos encontrarían las pruebas que Dante necesitaba. Además de los documentos encontraron un extraño cristal semi-translúcido de un pálido lechoso y del tamaño de un puño que Samuel no pudo identificar como mineral conocido y que decidieron llevarse también.

El camino de vuelta resultó más complicado. Los vigilantes habían dado la voz de alarma y ahora les buscaban, llegaron a tener un encontronazo con una patrulla enemiga pero gracias a Quirrel y su conocimiento sobre aquel laberíntico lugar pudieron darles esquinazo. Antes de abandonar las alcantarillas se despidieron de Quirrel aunque tenían la sensación de que volverían a encontrarse.

Una vez fuera se dirigieron a la perfumería de Dante donde este les esperaba. Se mostró muy satisfecho con la gran cantidad de documentos reunida y la información sobre el macabro laboratorio subterráneo y el estado de los cadáveres de los desaparecidos. También le entregaron el extraño cristal pálido puesto que algunos de los documentos hacían referencia al mismo.
Dante les proporcionó refugio en el sótano de la perfumería para que pudieran alojarse mientras él analizaba la información obtenida y eso fue lo que hicieron. Los últimos días habían resultado realmente duros, habían hecho frente a numerosos peligros y ahora por fin podían gozar de una relativa seguridad.