17 mar 2011

Capítulo 1 – La purga (parte 3)

Con Yisus en el papel de Onix paladín de Jubnauz
Con Satori en el papel de Walrus paladín de Nauin
Con Patri en el papel de Eliza paladina de Arcoden
Con Lordyeurl en el papel de Sirev paladín de Amideria
Con Gloria en el papel de Sarah.




El grupo descendió con cautela por la escalera hasta llegar a una habitación cerrada, en medio de esta había una estatua similar a la de la habitación de la trampa de fuego excepto por que esta sujetaba entre sus garras dos sables bien afilados, al otro lado había un sólida puerta firmemente cerrada. Decidieron probar la llave en esta estatua también pero al hacerlo la estatua se activó golpeando con las espadas frente a ella, por suerte fueron previsores y colocaron la llave desde detrás.
Llegaron a la conclusión de que no tenían la llave que necesitaban y trazaron un plan para entrar. Sirev se vistió con la túnica roja que habían arrebatado a Jyan, llamó a la puerta y el resto del grupo se escondió. Cuando la ventanilla de la puerta se abrió Sirev se hizo pasar por Jyan ocultando su rostro bajo la capucha pero el plan no salió exactamente como él esperaba. Resultó que Jyan no tenía permiso para acceder a la parte inferior del templo, Sirev respondió que traía importante noticias de Borrojo y que debía informar a los superiores, tras unos minutos de espera le informaron de que el supervisor le había concedido una audiencia. Los cultistas abrieron la puerta para escoltar a “Jyan” hasta el supervisor pero lo que encontraron fue una muerte implacable a manos del grupo que esperaba oculto el momento de atacar. Ocultaron los cuerpos, se hicieron con sus respectivas llaves y se vistieron con las túnicas que habían sufrido menos daños, estaban listos para adentrarse en las profundidades del templo impío de Abaddon.

Gracias a sus disfraces consiguieron pasar desapercibido en el lugar, se cruzaron con más cultistas que por suerte vestían también con túnica y llevaban la cara cubierta, no tardaron en encontrar los dormitorios comunes donde consiguieron túnicas en perfecto estado para todos y continuaron explorando. El lugar estaba lleno de sectarios, demasiados para un confortamiento directo así que decidieron continuar con el sigilo. Encontraron un comedor, una capilla, letrinas, pero ni rastro de “El Ojo”. Unas escaleras descendían a un piso inferior pero el acceso estaba bloqueado y sus llaves no servían. El líder debía estar abajo y no tenían ni idea de cómo llegar hasta él así que Sirev decidió localizar al supervisor y seguir con la farsa, quizás así conseguiría la información necesaria para llegar hasta “El Ojo”, por suerte el despacho del supervisor se encontraba en ese mismo piso. Sirev llamó a la puerta y el supervisor le hizo pasar, se trataba de un anciano sentado en un amplio escritorio y de su cuello colgaba una llave distinta de las que ya habían visto. Sirev se sentó frente a él y de nuevo se presentó como Jyan y comenzó a improvisar sobre su misión en Borrojo, el supervisor escuchó a Sirev con expresión impasible y al cabo de unos minutos lo interrumpió con un carraspeo. El anciano sacó una ballesta que debía tener oculta bajo la mesa y apunto con ella directamente al pecho de Sirev, a esa distancia el disparo sería fatal. El supervisor explocó a Sirev que conocía en persona a todos los miembros del culto puesto que era esa era precisamente su labor. Mientras el supervisor hablaba Sirev se dio cuenta de que la ballesta no estaba cargada y decidió aprovechar la oportunidad. Sirev saltó por encima del escritorio y el supervisor apretó el gatillo sin obtener resultado, el paladín calló sobre el anciano derribándolo en el suelo y lo dejó inconsciente con un firme golpe en la cabeza, le arrebató la llave del cuello y tras atarlo y amordazarlo lo encerró en uno de los armarios. Sirev registró la habitación en busca de algo más que pudiera resultar útil y encontró unos documentos que registraban los ingresos de todos los miembros del culto, se hizo con ellos y fue a buscar a sus compañeros.

Con la nueva llave el grupo logró acceder al piso inferior, en este piso reinaba el silencio y no se veían cultistas rondando. Encontraron más habitaciones pero estas eran individuales y estaban llenas de artículos personales que indicaban que allí se alojaban hechiceros. En una de las habitaciones encontraron a uno de ellos durmiendo y Walrus le dio una muerte rápida y silenciosa, los hechiceros eran demasiado peligrosos como para dejarlos vivos.
Continuaron investigando el piso y encontraron más señales de la práctica de magia en lo que parecía ser una sala de prácticas, encontraron también un par de puertas diferentes al resto, escotillas metálicas y selladas diseñadas para mantener el interior completamente aislado y unas escaleras que descendían a un piso inferior. Decidieron abrir la primera de las escotillas que resultó ser un laboratorio de alquímia, en su interior había dos cultistas trabajando sobre una mesa. El grupo aprovechó el factor sorpresa y atacó, los cultistas demostraron ser hechiceros pero no tuvieron tiempo de conjurar y fueron asesinarlos rápidamente por los paladines. Registraron el laboratorio y encontraron algunos documentos muy interesantes sobre la alquimia y varios artefactos curiosos que Onix guardó para su posterior estudio. Tras la otra escotilla había una amplia y confortable biblioteca, los cultistas del interior sufrieron el mismo destino que los del laboratorio. Onix calificó el contenido de la biblioteca como “único e inigualable” y remarcó que debía permanecer intacto para que el Iluminato pudiera estudiarlo en un futuro.

Los paladines habían limpiado el piso de hechiceros y aún no habían dado con “El Ojo” así que dejaron las escotillas atrás y descendieron por las escaleras hasta llegar a una gran puerta ornamentada sin pomo ni cerraduras, en medio de la puerta había un cristal esférico que desprendía un tenue brillo. Onix lo identificó como un artefacto escudriñador que reaccionaba al contacto y permitía a otra persona ver a través de él, tras varios intentos sin éxito de burlar el sistema de la puerta terminaron por captar la atención de quien estuviese al otro lado. El cristal se iluminó con más intensidad y mostró el rostro de un encapuchado que se identificó como “El Ojo”. El líder del culto no parecía sorprendido de la presencia de los paladines, les explicó que Abaddon le había advertido sobre su llegada y que tenía una propuesta para ellos, Abaddon necesitaba guerreros poderosos como ellos y si se unían al culto recibirían gran poder. Renunciaron al trato de inmediato y sorprendentemente tras esto la puerta se abrió permitiéndoles descender al siguiente piso.

El líder del culto les esperaba, sin escolta, parecía seguro de sí mismo armado únicamente con una ballesta. Cuando los 5 entraron en la amplia estancia “El Ojo” conjuró un escudo de energía arcana que dividió la habitación en dos manteniéndole separado del grupo. Utilizaron armas y magia para tratar de destruir la barrera y abrirse paso hasta el hechicero líder pero la barrera era muy resistente y el hechicero conjuraba destructivos hechizos contra ellos y les disparaba dardos paralizantes con su ballesta. La mitad del grupo había quedado incapacitado, Walrus había intentado transformarse en lobo sin éxito y había caído víctima de un dardo al igual que Sirev. Onix se hizo invisible para burlar al hechicero y las dos mujeres se abrieron paso hasta la barrera atrayendo los ataques del hechicero protegidas por la magia del escudo de Eliza. Juntos lograros debilitar la barrera hasta hacerla caer. “El Ojo” trató de escabullirse con un conjuro de invisibilidad, pero fue fulminado por una llamarada de Onix que le causó la muerte.

El grupo se recompuso gracias a las habilidades curativas de Sirev. Habían cumplido su misión, el líder del culto estaba muerto, pero había algo más, una puerta grande y sólida con terribles grabados representando al que debía ser Abaddon el dios oscuro. Onix podía sentir la resonancia de la magia al otro lado de la puerta así que decidieron continuar adentrándose en aquel lugar. Encontraron la llave de la puerta en el cadáver del líder y tras usarla revelaron unas escaleras que descendían en la oscuridad.

El piso inferior estaba iluminado con un extraño resplandor sobrenatural. El suelo, techo y paredes de este nuevo piso estaba totalmente cubierto de runas y símbolos arcanos. Onix los reconoció como una protección antimagia, ninguno de ellos podría utilizar sus poderes en aquel lugar lo cual los dejaba bastante desprotegidos, aún así decidieron seguir adelante.
Tras una puerta de reja encontraron un calabozo con varios prisioneros que parecían haber sido torturados y entre ellos Sarah encontró por fin a su hermano. Mientras Sarah y Sirev atendían a los heridos el resto siguió explorando el lugar. Tras otra puerta encontraron una enorme rueda con el aspecto de un engranaje gigante un par de imponentes estatuas, harían falta varias personas para hacer girar esa rueda, aunque decidieron no hacerlo. También encontraron una escalera de mano que ascendía a través de un largo pasadizo hasta llegar a una trampilla oculta bajo una de las alfombras de la biblioteca.

Finalmente llegaron a la cúpula, una sala circular que debía ser el autentico templo de Abaddon, la cúpula estaba custodiada con una colosal estatua que representaba a Abaddon armado con una terrible lanza, en las paredes había grilletes probablemente para sujetar a los prisioneros sacrificados, y en el centro de la estancia, un gran cristal de casi un metro de altura sobre un ornamentado pedestal, cubierto de runas y grabados que desprendía un irregular e intenso brillo. El cronista de Onix identificó el cristal como un “receptáculo de ánimas”, un artefacto diseñado para atrapar en su interior las almas de aquellos fallecidos cerca de él. Un artefacto con la capacidad de almacenar una gran cantidad de energía espectral y de poder abrumador. El pedestal del cristal también tenía una función, las runas revelaban que desataría algún tipo de reacción en cadena si el cristal era movido de aquel lugar.

Debatieron sobre cuál sería la mejor de las opciones y finalmente decidieron separarse. Sarah, Eliza y Onix escoltarían a los prisioneros al exterior y salvarían los documentos recopilados sobre el culto, utilizando el pasadizo secreto a la biblioteca. Por su parte Walrus y Sirev se encargarían de recuperar el “receptáculo de ánimas” una vez que el resto estuviese a salvo.
El encargado de dar la señal fue la rata de Walrus que acompañó al primer grupo al exterior y una vez fuera volvió para avisar al segundo grupo.

Una vez listos Walrus y Sirev levantaron juntos el cristal utilizando una manta de piel para evitar el contacto con el artefacto. Entonces como habían imaginado, el pedestal se activó y la descomunal estatua de Abaddon cobró vida. Por suerte a pesar de que el cristal era bastante pesado ellos eran más rápidos y dejaron atrás a la estatua viviente. Quedaron bastante extrañados cuando la estatua se desmoronó tras ellos pero todavía más cuando escucharon un fuerte sonido chirriante que hizo temblar todo el lugar, a este sonido lo siguió un leve rumor en la lejanía cada véz más claro. Sirev y Walrus no se pararon a pensar y siguieron corriendo con el cristal a cuestas. Al llegar a la escalera el rumor ya no era en absoluto leve y supieron que era lo que lo producía. Una gran masa de agua les embistió de frente empujándoles hacia atrás con fuerza y fueron arrastrados de vuelta. Sirev tuvo la mala suerte de golpearse contra una pared y quedó herido y bastante aturdido lo cual le impidió luchar contra la corriente que lo arrastró hacia el fondo. Walrus tuvo que soltar el cristal para no sufrir el mismo destino que su compañero y aún así fue arrastrado por la corriente de vuelta a la sala de la cúpula. Una vez allí Walrus que estaba siendo superado por la fuerza de la corriente no tuvo más remedio que transformarse en bestia. Gracias a sus capacidades físicas aumentadas pudo sumergirse en el agua y localizar a su compañero Sirev, el cristal también estaba allí y no podría cargar con ambos, tenía que decidir entre su compañero y el artefacto.

Walrus se abrió paso hasta el cristal y comenzó a golpearlo con sus fuertes garras, al cabo de unos golpes consiguió resquebrajarlo y se hizo con un pedazo de cristal que le cabía en la mandíbula, tras esto agarró a Sirev y nadó contra corriente hasta el pasaje secreto de la biblioteca. Por el camino encontraron numerosos cadáveres de cultistas, la inundación debió empezar en los pisos superiores. Una vez alcanzaron la escalera de mano ascendieron hasta la biblioteca que había permanecido intacta gracias a sus compuertas aislantes. Allí pudieron tomar un respiro, aún quedaban dos pisos hasta la superficie y estos debían estar ya casi inundados y la corriente debía ser bastante intensa aún. Sirev utilizó sus últimas fuerzas en un conjuro para potenciar a su compañero en forma animal. Walrus sabía que Onix quería conservar intacta la biblioteca pero no tenían más remedio, echó abajo la compuerta dejando pasar el agua y comenzó a nadar hacia la superficie luchando contra la corriente que invadía ahora la biblioteca, Sirev contuvo la respiración y se sujetó con fuerza a su compañero.

Afuera, el resto esperaba frente al templo cuando escucharon el chirrido, entonces vieron como el agua del lago se arremolinaba con fuerza y supieron que el templo estaba siendo inundado. No podían hacer mucho por sus compañeros aparte de rezar. Tras unos minutos ya lo habían dado por perdido, ni un solo sectario había logrado escapar del templo y ellos estaban en el piso superior cuando comenzó la inundación, sus compañeros habían muerto por una buena causa y se asegurarían de que fuesen recordados.

Cuando se disponían a marcharse, dos figuras empapadas aparecieron en el umbral del templo. Milagrosamente Sirev y Walrus estaban vivos y fueron acogidos por el resto con alegría. Juntos se dirigieron a la capital del reino a reunirse con el resto. Habían extirpado de raíz al culto diabólico y tenían información de todos los miembros que no estaban en el templo, les darían caza uno a uno e implantarían la fe del iluminato en su lugar.