2.10 – La caída de la corona.
Con Patri en el papel de Elisa
Con Darkkz en el papel de Oserrim
Con Yisus en el papel de Brad Mizo
Con Gloria en el papel de Ángela Mizo

Era la tercera vez que descendían a aquel lugar y no por ello les resultaba más acogedor. Para su desgracia los cinco compañeros se encontraban de nuevo en las alcantarillas de la ciudad. Dante les había pedido que volviesen para investigar aquello que se ocultaba tras la puerta donde escucharon el sonido de bombeo y ellos aceptaron. Debían darse prisa puesto que la organización ya estaba al corriente de sus últimos “logros” y era muy probable que planeasen desmantelar aquel lugar y deshacerse de las pruebas, pruebas que ellos necesitaban. Dante tenía además la esperanza de que allí encontrasen un artefacto alrededor del cual parecía girar gran parte de la investigación, el artefacto tenía el nombre en clave “Artefacto C” y en los documentos se le describía como el punto de partida de la investigación y una extensa fuente de información; tenían que conseguirlo como fuera.Esta vez no se andarían con rodeos ni recurrirían al subterfugio, ya habían decidido plantar cara a cualquier enemigo que se interpusiese entre ellos y aquella puerta, y recorrían los pasillos con sus armas listas para entablar combate. Avanzaban con paso decidido puesto que tras su última visita aquel recorrido ya les era familiar.
Dante había estudiado los documentos que habían conseguido de aquel laboratorio clandestino durante varios días sin descanso y lo que había descubierto era desconcertante. La organización había estado realizando experimentos y rituales estrechamente relacionados con la magia negra (las victimas torturadas hasta la muerte eran una prueba bastante tangible de la realización de estos experimentos). Dante ignoraba que pretendían conseguir exactamente con aquello puesto que la mayoría de los documentos hacían referencia a palabras clave de las cuales desconocía el significado pero tenía bastante claro que trataban de fabricar “algo” y que hasta ahora no habían tenido éxito. Dante tenía la esperanza de que lo que hubiese tras aquella puerta arrojase un poco de luz sobre aquel asunto. Mientras tanto él continuaría estudiando los documentos tratando de descifrar la abundante información.
Los cinco no tardaron en encontrarse a los mercenarios de la organización, había más movimiento ahí abajo que las veces anteriores. Los mercenarios estaban cargando cajas sobre carretas para, probablemente, sacarlas de allí. Tras ponerse de acuerdo decidieron atacar antes de ser descubiertos y con un par de flechas Elisa y Samuel derribaron a los dos más expuestos. Los demás huyeron en la dirección a la que ellos debían ir así que les siguieron.
Por alguna razón los mercenarios se habían atrincherado en una estancia y parecían bastante asustados, era muy probable que pensasen que les superaban en número así que aprovecharon esto para seguir avanzando y llegar hasta la puerta que buscaban que esta vez estaba abierta. Cerraron la puerta tras de sí que por suerte tenía un pestillo interior y así pudieron investigar aquel lugar con mayor detenimiento.
Era una estancia bastante amplia con varias salidas, había algunas mesas con herramientas y por todas partes había cajas de madera y piezas de metal a medio empaquetar. Por lo visto tenían razón y ya habían empezado a desmantelar aquel lugar.
En uno de los extremos de la estancia había un foso lleno de agua bastante profundo y curiosamente el agua estaba limpia. Sobre el agua había dos grúas de metal, una de ellas estaba a medio desmontar y de la otra colgaban unas cadenas tensas que se sumergían en el agua hasta que se perdían de vista en la profundidad. Samuel se sumergió en las aguas para ver que había al final de las cadenas y se encontró con algún tipo de coraza de metal hueca de aspecto humanoide, así que utilizaron la grúa para sacarla a la superficie y poder examinarla mejor. Efectivamente era alguna clase de armadura diseñada para contener a un ser humano en su interior y que estaba completamente aislada del exterior. Desconocían para que usaban aquel armatoste pero era demasiado pesado para cargar con él y no tenían intención de que se lo llevasen de allí así que rompieron las cadenas y lo dejaron hundirse en el fondo del foso.
Aún quedaba lo mejor por descubrir. Tras una solida puerta cerrada con candado desde fuera (un candado que no pude resistirse a las ganzúas de Elisa) encontraron a dos viejos conocidos; se trataba de los Ormanos que habían escoltado hasta la ciudad meses atrás, ahora tenían mucho peor aspecto, era evidente que estaban allí prisioneros y por la cantidad de herramientas, planos y bocetos de ingeniería que había por toda la estancia parecían que los habían tenido bastante ocupados. Los Ormanos tardaron un rato en entender que estaban allí para rescatarles, solo uno de ellos hablaba la lengua común y no lo hacía particularmente bien. Una vez comprendieron lo que estaba sucediendo los cogieron los documentos esparcidos por la habitación y las herramientas que podían cargar y todos juntos abandonaron aquel lugar sin demora puesto que los mercenarios de la organización no tardarían en encontrar una forma de llegar a ellos.
Abandonar las alcantarillas fue mucho más sencillo. Decidieron probar con una ruta alternativa y por suerte no tuvieron ningún encuentro desafortunado en el camino ya que los Ormanos no eran particularmente sigilosos.
Una vez en la superficie llevaron a los Ormanos y los documentos al taller de Dante. Dnate conocía bien la lengua Ormana y tras interrogar a los Ormanos y analizar los nuevos documentos comenzó fraguar un nuevo plan en el que como no podía ser de otra forma ellos cinco jugarían un papel crucial.
Ya tenían pruebas de sobra para enfrentarse a la organización y disolverla pero todavía existía el riesgo de que sus líderes saliesen impunes de todo, necesitaban pruebas que los implicasen personalmente y para ello nada mejor que investigar en sus hogares donde según Dante pasaban la mayor parte de su tiempo. Oliver había amasado una buena fortuna como director de la banca de la ciudad (y probablemente también gracias a las ganancias obtenidas por la organización) y se alojaba en una ostentosa mansión en la zona más elevada del distrito noble. Oporinus (el antiguo general retirado) tampoco se había quedado atrás y se había establecido en una pequeña mansión-fortaleza del mismo distrito protegido tras sus murallas y sus bien entrenados guardias personales.
Cuando Dante abandonó la organización años atrás Oliver no le siguió por puro temor a ser asesinado si abandonaba y hasta donde Dante sabía Oporinus se había proclamado el líder supremo de la organización mientras que Oliver se encargaba de la parte administrativa (y probablemente de desviar el capital gracias a sus privilegios como director de la banca). Esto les llevó a decidir visitar en primer lugar a Oliver para tratar de convencerle de unirse a la causa contra Oporinus.
El plan era bastante sencillo. Brad recurrió a su habilidad para el disfraz y la falsificación de documentos y adoptó la identidad de un funcionario de la corona. Tomó el libro de familia antiguo que habían encontrado en los subterráneos de la fortaleza Uterhawl y se presentó en la puerta de la mansión de Oliver anunciando que necesitaba reunirse con él para comprobar su posible vinculación con la familia y hacerle entrega de una suculenta fortuna dada en herencia. Oliver picó el anzuelo y los guardias dejaron pasar a Brad a la mansión. Una vez a solas con Oliver en su despacho Brad se arriesgó y sin rodeos le explicó por qué estaba allí, le contó que Dante le enviaba y que con su ayuda podrían acabar con Oporinus y su organización. Oliver realmente temía traicionar a Oporinus y no se mostró muy dispuesto a cooperar pero Brad era un tipo persuasivo y finalmente accedió a reunirse con Dante aquella noche en “el cuarto secreto”, un lugar que según Oliver solo Dante conocería y así se aseguraba de que realmente venía en su nombre, eso sí, debía acudir solo al encuentro.
Tras poner a Dante al corriente este decidió asumir el riesgo y acudir al encuentro con Oliver, les explicó que el punto de encuentro estaba en el interior del teatro de Labinieur (miembro fundador de la organización), por suerte aún conservaba una copia de las llaves de la entrada trasera. Ellos escoltarían a Dante hasta el interior del teatro y una vez allí él se adentraría a solas para encontrarse con Oliver.
Cuando Dante empezó a retrasarse se temieron una traición por parte de Oliver, pero cuando estaban a punto de entrar Dante apareció por la puerta sonriente y con una abultada carpeta de documentos.
Oliver le había entregado los datos financieros de la organización y además testificaría contra Oporinus cuando fuese ajusticiado.
Oliver también habló a Dante de “el artefacto”. Un extraño colgante que Oporinus había conseguido hacía más de medio año y que había despertado un gran interés en él. Desde entonces Oporinus se había vuelto más reservado y había empezado a actuar de forma extraña utilizando la organización para asuntos más turnios de lo acostumbrado, como secuestrar ciudadanos. Dante sospechaba que podía tratarse de aquello que se mencionaba como “Artefacto C” en los documentos encontrados en el laboratorio y empezaba a sospechar lo que podía ser en realidad.
Dante los reunió de nuevo en su taller y les explicó que los necesitaba para una última misión antes de acabar de forma definitiva con Oporinus y su organización corrupta. Debían colarse en el hogar de Oporinus y hacerse con el colgante que Oliver le había descrito, aquella era la prueba definitiva contra él y con ella en su poder la victoria estaba asegurada, si oporinus se veía en peligro probablemente huiría llevándose el colgante consigo. Los cinco accedieron y se pusieron en marcha, no había tiempo que perder.
La vida en el ejército había calado fuerte en Oporinus. Allí en medio del barrio noble, rodeado de mansiones se encontraba su hogar, una pequeña mansión amurallada que parecía más una fortaleza que un hogar, custodiada por varios guardias personales bien entrenados. Por suerte, la propia ostentosidad del distrito y de las mansiones colindantes constituía una brecha en la seguridad de la muralla ya que no era difícil trepar por los arboles y paredes de las mansiones vecinas y superar así la muralla.
Esperaron a la noche y entonces saltaron el muro. Brad hizo gala de su torpeza de nuevo cuando dio un traspié en lo más alto del muro y se ensartó de pecho en uno de los pinchos de metal dispuestos a lo largo del muro. Por suerte Ángela pudo agarrarlo antes de que cayese y la hería resulto no ser de gravedad así que siguieron adelante según lo planeado. Una vez los cinco estuvieron dentro se ayudaron de los sombras para deslizarse hasta la mansión y evitar a los guardias que patrullaban los alrededores.
Todas las ventanas del piso bajo contaban con firmes barrotes pero Elisa no tardó en dar con una nueva brecha en la seguridad de la mansión. En el piso de arriba uno de los balcones estaba abierto probablemente para que la casa se refrescase con la brisa nocturna. Elisa sacó su cuerda con gancho de la mochila y con un lanzamiento certero la aseguró al balcón. Antes de que ningún guardia se diese cuenta los cinco ya habían trepado hasta el balcón y habían recogido la cuerda.
El balcón daba a un dormitorio bastante amplio y ricamente decorado con armas y cuadros que reflejaban escenas de batalla por lo que debía tratarse de la habitación de Oporinus, aquello sí que era suerte. Bajo una de las puertas se filtraba la luz de una vela, Oporinus debía encontrarse al otro lado.
Aprovecharon para registrar toda la habitación en silencio en busca de aquel colgante pero no encontraron nada, Oporinus probablemente llevaba el colgante consigo como se habían temido en un principio y si era necesario se lo arrebatarían por la fuerza. Se trataba de un viejo general retirado a causa de heridas sufridas en la batalla, probablemente no opondría mucha resistencia.
Prepararon las armas y abrieron la puerta de golpe esperando sorprender a quien estuviese al otro lado, pero se encontraron una habitación vacía. Se trataba de una biblioteca privada, en medio había una mesa con una vela encendida y una mecedora vacía, ni rastro de Oporinus.
Decidieron aprovechar para registrar la habitación, Samuel y Brad mostraros especial interés por la gran colección de libros que Oporinus había reunido y fue mirando libros de casualidad como Brad encontró una entrada secreta oculta tras una de las librerías. La abrieron sin mucho esfuerzo y se encontraron con una escalera de mano que descendía, al fondo podían ver algo de luz.
Oserrim, Brad y Samuel descendieron por la escalera mientras que Elisa y Ángela decidieron guardarles las espaldas arriba. Fue un largo descenso y por el olor que les llegó se encontraban al nivel de las cloacas. El estrecho túnel se abría a una habitación subterránea bien amueblada llena de instrumental científico y estanterías cargadas de libros, en un rincón estaba sentado el que debía ser Oporinus que no tardó en percatarse de la presencia de los intrusos, en su cuello había un llamativo colgante esférica que brillaba con una luz azul pálida, debía tratarse del artefacto del que les habló Dante.
Oporinus se incorporó con la ayuda de su bastón y exigió saber quiénes eran y que hacían en su casa, estos se presentaron y exigieron a Oporinus que les diese el colgante y se entregase a la justicia. La respuesta de Oporinus fue apuntarles con su bastón pero Samuel actuó con rapidez y de un flechazo arrebató el bastón de las manos de Oporinus. Samuel podía sentir la fuerte energía espiritual que emanaba de Oporinus por lo que sospechaba que se trataba de un hechicero como el. Al verse desarmado Oporinus decidió colaborar y accedió a entregar el colgante, Samuel se acercó a cogerlo pero no resultó ser más que una treta de Oporinus que trato de impactar a Samuel con la palma de la mano con la intención de desencadenar un hechizo pero los tres compañeros estabas preparados, en primer lugar Brad arrojó con precisión una de sus dagas que impactó en el brazo de Oporinus interrumpiendo su hechizo, después un contundente tajo de la espada de Oserrim hirió gravemente a Oporinus haciéndole retroceder lo suficiente como para que Samuel pudiera encajarle una flecha entre ceja y ceja. Oporinus estaba muerto y habían encontrado lo que habían venido a buscar.
Tomaron el colgante y Samuel revisó los libros de aquel lugar, se trataba de grimorios de magia negra y nigromancia por lo que decidió dejarlos allí.
Una vez arriba volvieron a cerrar la entrada secreta y abandonaron aquel lugar dejándolo todo como lo habían encontrado. Salieron de la mansión de la misma forma que habían entrado y de nuevo Brad estuvo a punto de sufrir un accidente al saltar el muro, por suerte Ángela lo agarró a tiempo.
Cuando llegaron al taller de Dante le contaron todo lo sucedido, le explicaron que Oporinus estaba muerto y le entregaron el extraño colgante ante el cual Dante se mostró muy interesado, Dante les contó que se trataba de un Cronista, una artefacto que alberga en su interior el espíritu de un sabio sacerdote de Jubnauz utilizado para almacenar importante información y poderosos conocimientos arcanos. Oporinus había descubierto algo en la información contenida en el colgante que le había movido a realizar todos aquellos extraños experimentos pero desconocían el qué. Era necesario un Sacerdote de Jubnauzz para poder desentramar por compelto los secretos del Cronista y fue probablemente por eso por lo que Oporinus mandó secuestrar a la sacerdotisa. Por el momento hasta te pudieran extraer la información del Cronista todo aquello seguía siendo un misterio.
En cuanto a la muerte de Oporinus el cadáver estaba bien oculto en aquella habitación subterránea y era poco probable que alguien lo encontrase así que por el momento no debían preocuparse, al día siguiente Dante se encargaría de mover algunos hilos para que pareciese que Oporinus había dejado la ciudad, Oliver disponía de sus datos financieros por lo que no sería difícil inculparlo en un delito de fraude, razón más que suficiente para justificar su huida.
Respecto a la organización “la sombra de la corona”, tras la muerte de Oporinus ahora estaba en manos de Oliver. La idea inicial era disolver la organización pero ahora que todo estaba bajo control también se barajaba la posibilidad de asumir el mando de la organización y devolverla a su rumbo original.
Se trataba de una importante decisión que marcaría el resto de sus vidas y las de muchos otros…
5 comentarios:
¡Bieeeen! ¡Los buenos ganan!
por fiiiiiin!!
Deberías modificar algo, te lo pongo para que solo lo tengas que copiar:
Y tras una campaña completa, y de habérselo currado tanto, o más, que los demás, Ángela y Elisa se quedaron debajo de la cama hablando de sus cosas,pensando que en cualquier momento entraría el super malo y ellas solas acabarían con él, mientras que lo que pasaba en realidad era que los mierdecillas de sus amigos mataban al malo final:
-Final épico para ellos.
-Final frustrante para ellas.
El laberinto no es un juego justo, eso está claro..
=P
Patri lleva toda la razon xD
Pensad que gracias a que vosotras 2 cubríais la retaguardia ellos reunieron el valor suficiente para enfrentarse a Oporinus.
:trollface:
Publicar un comentario