2.4 – Los turbantes rojos.
Con Satori en el papel de Samuel
Con Patri en el papel de Elisa
Con Darkkz en el papel de Oserrim
Con Yisus en el papel de Brad Mizo
Con Gloria en el papel de Ángela Mizo
Los cuatro se encontraban en el piso franco cuando llegó uno de los mensajeros de Lucas con la noticia: Cuervo había muerto. Había aparecido degollado en un callejón y se sospechaba que había sido obra de los sicarios de Lord Borlian. No tuvieron apenas tiempo para investigar más sobre este suceso puesto que al día siguiente fueron convocados para una nueva misión.
En “La copa de plata” Lucas les explicó que para esta misión se reencontrarían con su antiguo compañero Oserrim el krumell al que apenas habían visto desde que fue asignado al grupo de escolta. Y de eso trataba precisamente la misión, una misión de escolta. Debían dirigirse a un pequeño pueblo perdido en la montaña llamado Ériban donde recogerían a dos personas, un humano y un krumell que debían escoltar de vuelta a la ciudad sin que sufriesen daños. Por el camino pasarían por una aldea donde les esperaba Oserrim. Necesitarían de la ayuda del krumell y su experiencia en combate puesto que se esperaba un posible ataque. Lucas había contratado para la misión de nuevo a Héctor el cochero con el que ya habían entablado cierta amistad. Así que después de prepararse para el viaje y reunirse con Héctor partieron en carro a encontrarse con Oserrim.
Dentro del grupo habían surgido algunas sospechas sobre la organización, primero estaba el asunto de las desapariciones del distrito gremial y ahora la muerte de Cuervo. Además tenían la sensación de que les mandaban a estas misiones solo para mantenerles alejados de la ciudad. Elisa les recordó lo mucho que la organización había hecho por ellos y que le debían fidelidad así que más les valía dejar de pensar de esa forma.
Un par de días después llegaron a la aldea de Vilena donde se reencontraron con Oserrim y juntos prosiguieron la marcha hacia Ériban. Oserrim aprovechó para ponerse al día de los últimos acontecimientos ocurridos en la ciudad y también les contó algunas anécdotas de su trabajo dentro del grupo de escolta (que en su opinión era aburrido y agotador). Para llegar a Ériban tomaron la ruta más larga, rodeando la montaña por los sinuosos caminos de la ladera. Lucas había programado esta ruta porque era la más segura para evitar emboscadas y ciertamente alcanzaron la aldea de Ériban algunos días después sin sufrir ningún contratiempo.
En Ériban recogieron a aquellos que debían escoltar y su abultado equipaje que incluía múltiples maletas y un arcón de madera grande y pesado. Brad reconoció en ellos el acento de Ormania, un lejano país del cual se decía que disponían de la tecnología más avanzada, pero ambos se negaron a revelar información personal y se pasaron la mayor parte del tiempo en silencio, leyendo y tomando notas en sus libretas.
Era media tarde y se encontraba atravesando uno de los muchos bosquecillos que había a lo largo del camino de la ladera cuando una flecha de plumas rojas se clavó en el carro a unos palmos de la cabeza de Héctor, el ataque había venido de entre los arboles pero no podían ver nada así que Héctor puso a los caballos al galope a riesgo de volcar el carro en aquel camino pedregoso. Brad salió a cubrir a Héctor con un escudo cuando de pura casualidad logró ver al atacante moviéndose por las ramas altas de árbol en árbol tratando de obtener un tiro claro contra el carro. Brad indicó la posición del tirador a Samuel que cargó una flecha y apuntó esperando el momento. El tirador debió verse en peligro porque perdió la concentración y en uno de sus saltos fue a dar de bruces contra el tronco de un árbol y se precipitó hacia el suelo aturdido. Samuel soltó su flecha y alcanzó el objetivo en el aire dejándolo bien clavado contra el árbol. Hasta que no salieron del bosque no disminuyeron la marcha por si hubiese más atacantes. El tirador tenía el rostro cubierto con un turbante rojo, una prenda poco común por aquellas tierras y aquello les resultaba algo desconcertante.
No se sintieron seguros hasta que tres días después alcanzaron la carretera principal, pero lo cierto era que no lo estaban. Por delante de ellos a los lados del camino había un carro y varias cajas de madera amontonadas. Sobre el carro había alguien vestido con una túnica y un turbante rojo que le cubría todo el rostro, estaba aparentemente desarmado.
Esperaban una emboscada, probablemente había más personas ocultas detrás del carro o las cajas y esperaría a que el carro se acercase para echárseles encima. Los márgenes del camino eran demasiado abruptos para rodearles y dar media vuelta para tomar una ruta secundaria hacia la ciudad les llevaría varios días así que optaron por enfrentarse a ellos. Prepararon y ocultaron sus armas y avanzaron hacia la trampa con la intención de darle la vuelta a la tortilla y en cuanto estuvieron a unos 20 metros el que estaba sentado en el carro se ocultó tras él de un salto, acto seguido apareció desde su escondite una extraña tabla de madera ornamentada del tamaño de un hombre. Antes de que pudiesen averiguar de qué se trataba un arquero apareció de detrás de la tabla y descargó una potente flecha que impactó de lleno en el pecho de Brad que trataba de proteger a Héctor olvidándose de protegerse a sí mismo. El arquero volvió a ocultarse tras la tabla protegiéndole así de las flechas de Elisa. Cuando estaban a menos de 10 metros una cuerda llena de cuchillas surgió de debajo de la tierra al tensarse entre el carro y las cajas convirtiéndose en una terrible barrera que destrozaría las patas delanteras de los caballos. Hector y Ángela tiraron de las riendas y lograron frenar a los caballos a medio metro de las cuchillas pero ahora estaban parados justo donde el enemigo les quería.
Héctor se refugió dentro con los dos escoltados y el resto tomó posiciones para el combate. Elisa y Ángela aprovecharon la posición elevada de la silla del cochero para disparar desde allí. Samuel abandonó el carro por detrás para flanquearles por sorpresa. Oserrim saltó desde el frontal para plantar cara a cualquier enemigo que fuese lo suficientemente estúpido o atrevido como para atacar el carro por el frente y Brad, bueno, Brad intentaba no desmayarse a causa de la herida.
Con las primeras flechas y virotes Elisa y Ángela dejaron fuera de combate al arquero que disparaba desde detrás del tablón. Cuando la ballesta de Ángela se quedó sin munición la tiró a un lado y saltó al frente junto a Oserrim. El enemigo había tratado de flanquearles desde las cajas pero se encontraron con Samuel que había tenido una idea similar y que además de derribar a uno de ellos de un flechazo delató la posición del resto gracias a lo cual Ángela pudo acudir en su ayuda y sorprenderles por la espalda. En menos de un minuto todos los asaltantes estaban muertos, todos excepto uno que parecía suplicar clemencia. Hablaba un idioma desconocido y en cualquier caso Oserrim no tenía intenciones de ser clemente y descargó sus puños una y otra vez contra él. Samuel se acercó para tratar de averiguar algo más sobre la identidad de los atacantes pero cuando este vio una oportunidad trató de apuñalar al elfo y Oserrim lo derribó de un espadazo matándolo en el acto.
Salieron de allí a toda prisa puesto que no tardaría en pasar una patrulla de caminos y preferían no tener que responder a las muchas preguntas que harían. Antes de irse habían podido registrar algunos de los cuerpos, eran de tez morena y sus rasgos faciales revelaban que provenían de fuera del reino. Sus armas también eran diferentes (Samuel decidió conservar uno de sus arcos mucho más largos que los arcos que él conocía) y llevaban a cuello un medallón plateado con un extraño símbolo desconocido para ellos.
No volvieron a pararse hasta que no alcanzaron la ciudad. No solo por la seguridad de los Ormanos a los que escoltaban sino también por la herida de Brad que había sido pobremente atendida por Samuel y necesitaba el tratamiento de un médico competente. Una vez en la ciudad Brad y Ángela dejaron el grupo y se dirigieron a la clínica recomendada por Lucas y el resto siguió hasta la entrada del distrito Noble donde dejaron a los dos Ormanos dando así por completada la misión.
Se encontraron con Lucas y después de ponerle al tanto de lo sucedido durante la misión cobraron y se fueron a descansar al piso franco y a esperar noticias de los hermanos Mizo. Oserrim se acomodó de nuevo en su habitación, después de aquel trabajo Lucas lo había sacado del grupo de escolta y volvía a estar en casa.
Ángela apareció para recoger algunas cosas de su cuarto, la herida de Brad era peor de lo que pensaban y desde pequeño su hermano había tenido problemas para cicatrizar heridas así que durante los días que tardase en recuperarse ella estaría a su lado en la clínica.
Esta había sido la misión más peligrosa a la que se habían enfrentado, casi pierden a Brad. Los atacantes habían resultado ser muy hábiles, y aunque Lucas no quiso revelarles mucha información sobre ellos si les dijo que se trataba de un antiguo enemigo de “La sombra de la corona” a los que habían apodado “Turbantes rojos” (resulta evidente el porqué) por lo que era bastante probable que tuviesen que enfrentarse a ellos de nuevo. Aquella noche se concienciaron de los peligros que habían asumido al formar parte de la organización y de que aquello no iba a ser ni mucho menos un camino de rosas.
1 comentario:
Asike la flecha no me da a mi..
Por cierto.. si lo que vale es lo que pones por aqui, puedo ponerme las flechas que "no" he utilizado? =D
(Es broma)
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