15 feb 2011

Capítulo 01, La purga. (Parte 1)


Resumen de los acontecimientos sucedidos en la partida de rol de mesa.
Con Yisus en el papel de Onix paladín de Jubnauz.
Con Satori en el papel de Walrus paladín de Nauin.
Con Patri en el papel de Eliza paladina de Arcoden.
Con Lordyeurl en el papel de Sirev paladín de Amideria.








Nos ubicamos 800 años atrás, en lo que en un futuro se convertirá en el actual territorio de Cordalena que por entonces era una tierra dividida en múltiples reinos independientes antes de que estos fuesen unificados bajo una misma corona.
El Iluminato está ahora en pleno proceso de expansión y su influencia se extiende solo a unos pocos territorios, nada comparado con lo que abarcará en un futuro cuando se convierta en la religión principal de la mayor parte del mundo conocido.
Para reafirmar su fe como la única verdadera el Iluminato ha elaborado un sencillo plan conocido como “La purga” mediante el cual las numerosas sectas y religiones menores son tachadas de cultos diabólicos y exterminadas por medio de la fuerza estableciendo la fe iluminada en su lugar.
A pesar de que el Iluminato es en estos momentos una religión bastante joven cuenta ya con numerosos seguidores dispuestos a tomar las armas en su nombre, pero su fuerza de combate más poderosa son los hexantum, grupos de élite de seis componentes de los cuales cada uno es un paladín que representa a uno de los 6 dioses del Panteón Iluminado, esta historia se centra en la misión de uno de estos grupos, El 12º hexantum.
Los componentes de este hexantum son Eliza paladina de Arcoden, Sirev paladín de Amideria, Walrus paladín de Nauin, Onix paladín de Jubnauz, Sarfon paladín de Derrumt y Kishar paladín de Toerfiden. Juntos componen el 12º hexantum, también conocidos como "La Ira de los 6".

Un extraño culto conocido como "Los Adoradores de Abaddon" está resultando ser un mal difícil de extirpar, se ha extendido por todo el reino de Urnid como una infección y cuentan con numerosos seguidores. Se mueven comandados por un líder que se hace llamar "El Ojo" y que apenas se deja ver, este utiliza a sus emisarios para predicar "La palabra de Abaddon" a lo largo del reino y esto parece estar dándoles buenos resultados.
El Iluminato ha tachado a este culto de peligroso y lo ha condenado por herejía a ser exterminado, aunque las autoridades del reino de Urnid se niegan a actuar en consecuencia puesto que no se los considera "peligrosos". El Iluminato tiene información que demuestra lo contrario y la misión del 12º hexantum es localizar al líder de este culto y ejecutarlo, preferiblemente en público, y extirpar la herejía de este reino desde la raíz (tanto si lo quieren como si no).
La localización del líder de "Los Adoradores de Abaddon" es un misterio para el Iluminato y esto está dificultando bastante la misión del 12º. Pero tras recopilar algo de información por el reino han descubierto que uno de los portavoces del líder tiene intenciones de dar un sermón en un poblado minero de las montañas llamado Borrojo, el 12º hexantum se dirige hacia esta aldea aferrándose a la única pista que tienen por el momento.

Cabalgaron durante 3 días a través del reino de Urnid y en una encrucijada los paladines Sarfon y Kishar deciden separarse del grupo para dirigirse a la capital del reino donde se dedicarán a recopilar información. El resto del hexantum se dirige a paso rápido hacia la aldea minera de Borrojo. Durante 2 días más cabalgaron a través de pedregosos senderos de montaña, el terreno se volvía cada vez más difícil y la vegetación poco a poco fue sustituida por la roca y el polvo, en la lejanía veían el humo de los hornos de la mina. Ya estaban cerca.

Los paladines decidieron ocultar sus insignias y símbolos religiosos antes de entrar al poblado para pasar desapercibidos entre los peregrinos. Borrojo era un poblado sencillo y pequeño, con un puñado de chozas, una posada, un establo y poco más que ofrecer.

Al entrar en el poblado algunas vista se centraron en ellos puesto que se trataba de un grupo bastante peculiar. Eliza, la única mujer del grupo, tenía aspecto de guerrero experimentado, su flamante armadura y el escudo y espada rúnicos de su espalda solían mantener alejados a los problemas de ella. Onix era el más anciano de los cuatro y ataviado con una sencilla túnica y un bastón de metal podía dar la impresión de ser frágil e indefenso, pero eso era antes de verlo utilizar su extenso repertorio de conjuros mágicos, llevaba además al cuello un pequeño artefacto esférico conocido como “el cronista”, una fuente de sabiduría para aquellos que destacaban al servicio del dios Jubnauz. Sirev estaba equipado con una armadura, una maza y un escudo, aunque no era partidario de usarlos a menos que fuese estrictamente necesario, como paladín de Amideria Sirev predicaba el amor al prójimo y contaba además con sorprendentes poderes curativos (y algunos menos agradables). Walrus, el más joven de los cuatro era el de aspecto más descuidado debido en gran parte a su voto de pobreza, equipado con una desgastada armadura de cuero y un arco a sus espaldas, Walrus tenía poderes vinculados con las fauna salvaje y de hecho el mismo daba un aspecto bastante asilvestrado con su melena sucia y barba desaliñada.

Los cuatro paladines dejaron a sus fieles corceles en los establos, donde ya había otros 3 caballos y tras esto se dirigieron a la posada, pagaron por su alojamiento y por un estofado de dudosa procedencia que llenase sus hambrientos estómagos.



Onix el anciano, se dedicó a recabar información entre los clientes de la posada, pero no dio con nada interesante hasta que unos comensales llamaron su atención. Eran tres tipos que comían su estofado en silencio, Onix se sentó con ellos y tras una charla con el más hablador de los tres (y también el más bajito) supo que eran seguidores de Abaddon y que estaban aquí por el sermón del día siguiente, también supo por ellos que el portavoz se encontraba en la posada en estos momentos y al parecer ellos sabían quién era aunque no pretendían revelarlo hasta el momento del sermón.

Mientras Onix conversaba sus tres compañeros analizaban la situación desde la barra, la gente de este lugar estaba bastante aislada de los núcleos más poblados del reino y probablemente no sabían mucho sobre Abaddon y su culto.
Walrus no tardó en abandonar la posada y salir al exterior, donde él se encontraba más cómodo, paseó por los alrededores en busca de algo que llamase su atención y finalmente decidió acercarse a los establos a recopilar algo de información a su manera. Utilizó sus poderes para comunicarse con los caballos y gracias a esto supo que los tres caballos pertenecían a los tres hombres con los que hablaba Onix.

Conforme avanzaba el día más peregrinos llegaban al pueblo atraídos por el sermón pero la mayoría no tenían ni para pagarse el alojamiento, mucho de ellos debían llevar días caminando. Los paladines no pudieron evitar sentir lastimas por estos pobres ignorantes seguidores de un falso dios que pronto sería desterrado.

Walrus tenía sus propios planes. Preguntó al tabernero si tenía algún problema de ratas en la taberna y se ofreció a ayudarle a deshacerse de ellas, y resultó ser que sí, al parecer el sótano estaba plagado de ratas y el tabernero estaba ansioso de que alguien se las quitase de en medio. Walrus no tardó en localizar a uno de aquellos roedores y cuando intentó comunicarse con él este se mostró cauto y huidizo. Walrus se encontró a si mismo negociando con una rata para que esta le ayudase en su misión y resultó ser una buena negociadora. Las condiciones de la rata eran sencillas, más comida para las suyas. Walrus rajó uno de los sacos de trigo del sótano para que las ratas comiesen hasta hartarse y así se ganó el favor del animal.

La noche llegó y la paladina Eliza agotada por el viaje decidió subir a la habitación e irse a dormir antes que el resto, Onix por su parte había dedicado la tarde a investigar en la posada, usando algunas artimañas descubrió donde se alojaban los tres seguidores con los que había compartido mesa, de momento lo más lógico sería pensar que el portavoz se alojaba con ellos así que el paladín Sirev sacó una silla al pasillo y se plantó allí para poder vigilar quien entraba o salía de la habitación.

Mientras tanto Walrus continuaba con su plan, llevó la rata al piso de arriba y le indicó que debía colarse en la habitación de los tres sospechosos observarles y tratar de conseguir la llave de la habitación. Antes de que la rata desapareciese bajo la rendija de la puerta Walrus utilizó sus poderes para vincular sus sentidos a los del animal y poder así ver y oír a través de sus ojos y oídos. En la habitación solo estaban los tres hombres, dos de ellos parecían tensos y vigilantes, el tercero (el más bajito) estaba relajado y acostado sobre la cama leyendo un libro, parecía como si los otros dos trabajasen para él.
Mientras la rata espiaba fue descubierta por uno de ellos y Walrus perdió la conexión sensorial con ella.

La noche avanzó y uno a uno los paladines se fueron a dormir, todos excepto Sirev que continuaba con su incesante vigilancia del pasillo, al cabo de unas horas la puerta de los sospechosos se abrió y uno de ellos salió fuera, era uno de los dos guardaespaldas, o al menos eso habían deducido ellos. Tras una banal charla con Sirev el tipo bajó las escaleras y no volvió hasta pasada media hora, dijo que había bajado a mear pero lo cierto es que había tardado demasiado, pensó Sirev.
Tras unas horas el sueño pudo con el paladín que decidió despertar a Walrus para que este ocupase su lugar. Durante el turno de Walrus nada extraño sucedió y cuando llegó el amanecer la gente empezó a abandonar sus habitaciones, incluidos los tres sospechosos que se descubrieron a Walrus como ayudantes del portavoz. Walrus despertó a sus compañeros y les contó lo sucedido, la hora del sermón se acercaba y pronto llegaría el momento de actuar.

Unos arañazos en la puerta llamaron la atención de Eliza, al abrirla encontró a una rata frente a ella, el animal llevaba algo consigo y enseguida Eliza supo que la visita era para Walrus.
La rata había cumplido su parte, le había traído “una llave” y debía tratarse de una de las llaves más extrañas que habían visto nunca. Era evidente que no se trataba de la llave de la habitación. Tras meditarlo llegaron a la conclusión de que se trataba de la llave de un cofre o algo similar y que debía estar en la habitación en estos momentos. Onix y Eliza trazaron un plan para conseguir la llave de la habitación y mientras Eliza distraía al tabernero con sus quejas sobre una plaga de ratas en su habitación, Onix utilizó sus poderes para hacerse invisible y robar la llave del mostrador.

El sermón estaba a punto de empezar así que decidieron separarse en dos grupos, Walrus y Onix se dirigieron a la zona entablada en medio de la aldea donde los peregrinos y los curiosos comenzaban a congregarse y Eliza y Sirev fueron al piso de arriba de la posada, Sirev vigilaba el pasillo (de nuevo) mientras Eliza registraba la habitación que habían abierto con la llave robada al tabernero, buscó por todas partes pero no encontró nada de interés salvo unos libros y ropa sucia, así que tras dejarlo todo como estaba bajaron a reunirse con sus compañeros.
En el lugar ya había una autentica multitud, entre los cuales los más fanáticos ya gritaban el nombre de Abaddon al aire. Walrus decidió dirigirse a los establos para asegurarse de que el portavoz no trataba de huir, al menos no en un caballo. Onix intentaba abrirse paso a través de la multitud exagerando sus achaques de vejez, pero esto no parecía dar mucho resultado.



Tras unos minutos terminó la espera y el portavoz apareció vestido con la túnica roja característica de su culto y acompañado de dos guardaespaldas armados, los paladines dedujeron rápidamente que ellos eran los tres tipos de la posada y que habían tenido al portavoz delante todo el tiempo.
La multitud se apartó para dejar paso a los tres hombres que avanzaron hasta llegar al entablado, Eliza aprovechó esto para abrirse paso hasta la primera fila y estar así más cerca de su objetivo, Onix por su parte se había arrastrado hasta la primera fila a través de la muchedumbre y tenía la sensación de que no se quitaría el olor a sobaco ajeno en al menos una semana. Sirev optó por quedarse al margen por si era necesario correr a los establos a avisar a Walrus.

El portavoz comenzó a predicar la palabra de Abaddon, entre la multitud algunos recitaban al unísono, otros simplemente gritaban para demostrar su fanatismo, y sí continuó durante un rato, la espera se estaba haciendo eterna para los paladines, y con las prisas no habían tenido tiempo de trazar un plan, así que se miraban entre sí sin saber muy bien a que esperaban exactamente, pero finalmente sucedió, el portavoz dejó de recitar y procedió a explicar que era el momento de realizar milagros, entonces dijo que necesitaba un voluntario, decenas de manos se levantaron, Eliza no se molestó en levantarla y se dispuso a subir al entablado, los dos guardaespaldas le cerraron el paso, probablemente fue la imponente armadura que llevaba puesta o la espada que relucía a su espalda lo que hizo que los guardaespaldas empuñasen sus armas, pero fue precisamente gracias a esta distracción a lo que Onix pudo subirse al entablado, y fingiendo gran esfuerzo avanzó hacia el portavoz apoyándose en su bastón. Los guardaespaldas se giraron y cuando se disponían a cerrar el paso a Onix el portavoz los detuvo, al parecer ese desvalido anciano le serviría para su demostración.
El portavoz dijo a Onix que sería sanado por la gracia de Abaddon y que no necesitaría más su bastón, no sé que esperaría el portavoz cuando le arrebató el bastón a Onix pero desde luego seguro que no fue lo que pasó. Onix se desplomó pesadamente en el suelo fingiendo de nuevo y cuando el portavoz le ayudó a levantarse este puso algunas monedas en su mano de forma disimulada, Onix dejó caer las monedas dejando en ridículo al portavoz delante de todos sus fieles a los que les acababa de cambiar la expresión de la cara.
De pronto los guardaespaldas se echaron sobre Onix que no era precisamente corpulento, lo levantaron en peso y lo tiraron fuera del entablado de forma bastante brusca.
Entonces para sorpresa de todos, el portavoz comenzó a conjurar y una pequeña llamarada surgió de sus manos ganándose de nuevo la atención de sus fieles. “Así que un conjurador…” pensó Onix.

Mientras tanto en los establos Walrus estaba entretenido con su nueva amiga la rata, había demostrado ser útil y bastante astuta así que Walrus le propuso acompañarle en sus viajes, el se aseguraría de que no le faltase comida, la rata aceptó el trato, al parecer le divertía verse envuelta en asuntos humanos.

El portavoz se disponía a proseguir con su sermón cuando algo atrajo su atención y la de todos los presentes, Onix se había colocado de nuevos sus insignias y se estaba elevando entre la muchedumbre con los brazos abiertos utilizando su poder de levitación mientras gritaba “No hay lugar en este reino para…”. La frase de Onix quedó cortada cuando algo perturbó su concentración y perdió el control de su poder de levitación. Los pies de Onix empezar a levitar más rápido que el resto del cuerpo y cuando ya estaba completamente horizontal la levitación desapareció y se desplomó en plancha sobre el duro y polvoriento suelo. Tras unos segundos Onix comenzó a levitar de nuevo (con un pequeño hilillo de sangre en su nariz) desde el suelo consiguió ponerse vertical y se elevó lentamente retomando la frase que había dejado a medio. “No hay lugar en este reino para falsos dioses como el vuestro”. Onix y se elevaba ya a más de tres metros del suelo.
Hubo un destello y un rayo eléctrico surgió de una de las manos de Onix e impactó de lleno sobre uno de los guardaespaldas, la descarga potenciada por la armadura metálica fue devastadora, el cuerpo humeante se desplomó sin vida sobre el entablado. Un segundo rayo impactó en el otro guardaespaldas antes de que este pudiera reaccionar y sufrió un destino similar al de su compañero, el portavoz había empezado a conjurar de nuevo y Onix reconoció rápidamente el conjuro.
-“Agárralo ahora Eliza, ¡se va a hacer invisible!”
Eliza corrió por el entablado en dirección al portavoz, lanzándose sobre él en el preciso momento que este desaparecía, pero esto no le sirvió de nada, aunque Eliza no pudiera verlo su cuerpo seguía estando allí. Eliza lo atrapó sin problemas aferrándolo con fuerza hasta que le crujieron algunos huesos y tras forcejear un poco este perdió su invisibilidad.
Onix se posó de nuevo en el entablado junto a Eliza y comenzó a hablar a los presentes de los dioses del Iluminato y de las ventajas de su fe. Uno de los guardaespaldas caídos comenzó a retorcerse en el suelo mientras Onix hablaba, cuando Sirev vio que el hombre había sobrevivido subió de un salto al entablado y le quitó la armadura dejando a la vista las horribles heridas producidas por la descarga, su piel estaba chamuscada y enrojecida y muchos tuvieron que apartar la mirada. Sirev puso sus manos sobre la herida y mediante sus poderes curativos recompuso por completo el cuerpo del guardaespaldas hasta que la herida desapareció sin dejar rastro alguno (aparte de un agradable olor a bacon recién hecho), todos los presentes miraban asombrados. Tras la exhibición Sirev procedió a curar a algunos enfermos y heridos que había entre los presentes y aquel día los dioses del Iluminato ganaron numerosos fieles en aquel pequeño poblado minero.

Partieron de aquel pueblo ese mismo día pero no se fueron con las manos vacías, dormido gracias a unos somníferos suministrados por Walrus el portavoz era ahora su prisionero. Cuando recupero la consciencia se retiraron del camino hacia un lugar apartado y comenzaron el interrogatorio. En lugar de optar por la violencia o la tortura los paladines se mostraron misericordiosos con el portavoz y le ofrecieron dejarle vivo a cambio de toda la información, el portavoz aceptó, se presentó como a sí mismo como Jyan y les contó todo lo que sabía sobre el culto de Abaddon y su líder.

1 comentario:

Aku dijo...

Me ha quedado un poco denso. :p